Era León Benavente

A veces hay que sentarse a escuchar, antónimo de oír. Este acto, en principio inocuo, es revolucionario. Por eso cada vez que los León Benavente publican un disco merece la pena subir el volumen y leer la historia de cuatro hombres que concentran en diez canciones dos años de vida, momentos en los que nadie quiso irse de una fiesta que, de momento, ha terminado. De ahí que su música sea la mejor manera de celebrar lo que era o fue y, en caso de volver, será diferente, incluso mejor. Frente a ese escenario un poco triste —también esperanzador porque aquí siguen— reivindican el no a la nostalgia y tiran de memoria, la única capaz de convertir un corazón en galleta. También a un grupo de acompañamiento en una fiera.

¡Qué aspiración aquella de embotellar el rayo! Y es que al final casi nadie es capaz de distinguir los fuegos artificiales de una chispa en la penumbra. Por eso este disco cuenta, por eso y porque canta de lo que sucede sin pretender hacerlo de todos los mundos. Ahí reside el deleite de espantar el mal. Librarse de él resulta más difícil porque siempre va cuesta abajo, justo en la dirección contraria de una banda que gira y gira y gira. Luego vive y brinda.

A pesar del ambiente en un sector dislocado, el disco deja un poso de esa felicidad que no procede de nosotros mismos, sino del fondo de las buenas canciones. Muchos se empeñan en traérnosla cuando, en realidad, ésta hace acto de presencia cuando se van. En todo caso es viernes, el rayo se llama «Era» y con él han demostrado que en sus manos todos los placeres de la juventud y la vejez están a salvo. Enhorabuena, queridos míos.

Ilustración: Coqué Azcona

Buscando una misa por Franco desesperadamente

Web de la FNFF, Fundación Francisco Franco. Tras toparme con su cara de abubillo tamaño folio he visitado la sección actividades situada a la derecha del qué dijeron los obispos cuando murió. Seguro que cosas buenas; ya se encargaron de bendecir la cruzada contra la República (democrática) allá en el 36. En fin, historia, escoria. Ahora lo importante es el listado de misas en sufragio por el alma del Caudillo y todos los caídos por Dios y por España, pronunciado con énfasis: una el 18 de noviembre en Alicante, otra el 19 en Sevilla, siete el día 20, una ayer en Madrid y hoy ofrenda floral frente a la Cruz de los Caídos y oración patrocinada en la parroquia de Stella Maris en Málaga. A las 21:00, Pablo. Agéndalo.

Resulta que P. Casado acudió por error a un error pío, a pesar de que la Iglesia siempre aduzca que todas las almas merecen su oración y un billete en el cepillo. La fundación, por su parte contratante, agradece la asistencia al político de la luz solar, y el padrenuestro se transforma en palabra de Franco por obra y gracia de un descuido. ¿Quién se atreve a dudar de los milagros? Este muerto está muy vivo y el presidente del PP niega que estuviera al tanto. Será por que tiende a parecer o ser muy tonto.

Queda por tanto clara la distinción entre fe y política. O quizás tampoco resulte tan sencillo. Es más, Franco fue responsable de la muerte de 300.000 soldados de ambos bandos, 200.000 ejecutados y 50.000 ajusticiados en los “paseos”, esos que terminaban con un tiro antes del silencio, y cada 20N recibe coronas de claveles y lágrimas, misas en su memoria dislocada y el afecto de aquellos que confunden la nostalgia con la falta de justicia. Amen (sin tilde). En cuanto a Pablo… vuelve a irse en paz.

Ilustración: Alessandro Gottardo.

12 de octubre, día de pelea

Todo comenzó con un italiano chapetón que daba por esférica a la Tierra plana. En su viaje de lado, y buscando seda y euros, se topó con un terreno muy grande muy grande bautizado América en honor a Vespucio. Con estas credenciales, ¿qué pudo salir mal? Pues habría que preguntárselo a los que nadaban por allí en tiempo de carabelas y cayucos, pero también a los que padecen en martes los desfiles por tierra, mar y aire, estilo invasión pacífica y por la Castellana. Haciéndole justicia al tiempo, integremos a los que celebran este día —«Fiesta de la Raza» hasta el 58— con salves y orgullo patrio, con ventrículo y uniforme porque una vez fuimos reyes sin atardeceres al fondo. Y salió mal.

Españoles somos todos y los hay equidistantes del pretérito que se inclinan a pasar por el presente levantándose tarde, comprando pan blanco y poniendo al fuego una tortilla de patatas poco hecha. En definitiva, prefieren ser felices bajo el ruido de los aviones mientras un bando discute con el otro en la sempiterna lucha por borrar, retorcer y/o hacer biografía de la historia. ¡No les vengan con mierdas de colonialismo, que hoy es fiesta! Y nacional.

Queda por despejar la incógnita de los símbolos en un país llamado casa. La unión sólo se construye compartiendo mitos o mentiras. Da igual. Sin ese hilo invisible resulta imposible obtener un resquicio de paz social más allá de las cañas y los pinchos, probablemente la única certidumbre patria. Nunca tuvimos, ni tenemos, ni tendremos la habilidad de aunar a nuestra propia tierra. Será porque al pedir a los indígenas que cerraran los ojos para orar los despojamos de la suya. España es un descubrimiento acojonante.

Ilustración: Davide Bonnazi

¿Dabiz Muñoz mejor cocinero del mundo?

Decía Paul Newman en inglés: «Soy una persona competitiva. Siempre lo he sido. Y es duro ser competitivo en algo tan inaprensible como actuar. Pero puedes serlo en una carrera porque las reglas son muy simples y está muy claro quien es el ganador». Desde luego el actor tenía razón y belleza. Nadie niega la posibilidad de cruzar la meta con el resto en el retrovisor, destrozar el cronómetro y manosear el diez de los jueces. La duda reside en si lograrlo te convierte en el mejor. Y es que esta palabra puede ser empleada con vehemencia al referirnos a los amigos, ciertos animales de compañía y multitud de objetos inertes. En cambio, cuando el receptor de la misma es un cocinero a muchos se les tuerce el gesto, como si el sabor del plato cambiara al imponer la objetivad en una elección repleta de parcialidad, ingredientes, tendencias y logros empresariales. Bueno, pues para «The Best Chef Awards«, Dabiz Muñoz es el mejor cocinero del mundo en 2021. Abro hilo de sangre.

Y aquí comienza la pelea. Más allá de que la existencia de estas listas emparenta la cocina con un concurso de belleza, resulta innegable que el madrileño posee una capacidad innata para conectar. Ya sea porque invierte un dineral en peluquería o porque le imprime un componente de pasión infantil al ‘simple’ hecho de cocer unas almejas con coco y café y servir un plato que te hace llorar… si no conoces la receta. Incluso su donut a base de grasa de palma hidrogenada tiene su punto porque acerca la cocina elitista a ese pueblo llano amante de las madalenas. ¿Marketing? Probablemente. ¿Curro? Debe echarle 18 horas al días, el resto corre.

Queda por resolver la cuestión de fondo. Y es que poco importa quién sea el mejor en algo porque, en el hipotético caso de serlo, dura el tiempo que uno traga una tortilla francesa sin queso. Sería maravilloso poder alegrarse de los logros de los demás, un rato, aunque se haga bola, y así ir dejando atrás toda la bilis y la mala hostia que ha caracterizado este año y medio. Comer, beber, reír y follar. Ese es el consejo de este viernes y la diferencia entre la buena y la mala digestión de toda una vida. Enhorabuena, chef.

Ilustración: https://studiopatten.com/

Españoles, hay españoles negros

En 1979 había un negro en toda la provincia de Segovia. Nacido en Cuba, tenía los dientes tan nevados como la cumbre de la Bola del Mundo y los niños le señalaban por la calle. «Mira, mamá, un negro». Joaquín, así se llamaba, les devolvía el afecto con clases de inglés y deje de La Habana, ajeno al hecho de que algunos de esos críos mirarían al mundo con la misma desconfianza… cuarenta y dos años después. De pronto, los españoles negros (o puede que sean negros españoles) se atreven a desafiar el tiempo y la gravedad, enarbolan banderas rojigualdas y cometen la osadía de apellidarse Peleteiro. Está claro que ya nada es como antes… gracias, en parte, a los Juegos Olímpicos.

Queda en evidencia el complejo de salvador blanco tan explotado por Vox y su cuadrilla —incluido Ignacio Garriga y algún despistado más— al obviar los triunfos de estos `españoles españoles´ con cordones umbilicales en África y otros lugares inhóspitos. Se les olvida que la gente joven y la leña son todo humo y el azul baña los perfiles de un planeta repleto de colores, formas y combinaciones líquidas.

Así el broce mezcla el cobre y el estaño, siendo su base el primero y hasta un veinte por ciento el segundo. El oro del podio contiene restos de plata, zinc e incluso cobre. La plata, arsénico y antimonio. De esta forma, la pureza viene determinada por las acciones, tanto de los deportistas como de nuestros representantes políticos. Institucionalizado el deporte sirva éste como política de conciliación. Localizada la estrategia del odio sirva el bronce como sustento para esta nueva EspAna, una en varias, mixta, libre de fascismo.

Ilustración: creativereview.co.uk

Venga, ¿es Cuba una dictadura o qué?

Embajador de Panamá. Foro de la Organización de los Estados Americanos (OEA). «¿Cuál sería la reacción de un derechista, un demócrata cristiano y un comunista frente a la infidelidad del cónyuge? Pues el derechista la emprendería a golpes; el demócrata cristiano se sentaría con su pareja para intentar que no volviera a suceder y el comunista tiraría piedras contra la Embajada de los Estados Unidos». Evidentemente, la gran mayoría de los presentes se descojonó. La parábola del chiste viene ahora. La OEA nunca resolvió nada, ni las desapariciones de Chile y Argentina, ni la guerra de las Malvinas ni, por supuesto, la importación del marxismo en Cuba. Eso sí, ahí se reunían con el fin de cambiar todo para que nada cambiara. Bueno, ahora el «Patria y Vida» resuena en la isla ante la falta de los alimentos, vacunas y una vida más digna.

Mientras los cubanos hacen valer sus derechos fundamentales, el mundo a su alrededor se pierde en debates baldíos que la izquierda dribla por miedo a perder tasa turística. ¿Es Cuba un régimen totalitario? Poco se parece a Siria o Sudán. ¿Es Cuba una dictadura? En el caso de que lo fuera, queda lejos de la de Franco, exactamente a 7.152 kilómetros y un Meliá todo incluido. De esta forma, un país internacionalista volcado en los servicios al exterior recibe críticas feroces ante el trato que reciben sus habitantes. La prisión de Guantánamo tortura desde el 2002, pero al tratarse de los enemigos del mundo libre…

Poco importan las palabras o las definiciones académicas. La España democrática y parlamentaria vulnera la libertad de expresión cada día, aplica porras y pelotas de goma de manera indiscriminada y en un audio de Florentino Pérez hay más caciquismo y maldad que en toda La Habana. El desafío no se encuentra en las definiciones, sino en lograr entender la palabras de un santo: «En una fortaleza asediada, toda disidencia es traición». Dignidad para el pueblo cubano.

Ilustración: agentpekka.com

Selección española y orgullo gay

Nadie discute la importancia del fútbol moderno. Es más, a pesar de la distancia social sigue ejerciendo un magnetismo universal y pecunario. Así, los que expresamos sin tapujos que nos aburre siempre vemos los partidos de la selección española, chavales cuyas emociones y bocas se ocultan bajo la palma de la mano, minuto y resultado de una época en la que la estrategia invade cada regate. Ahí están ellos, demasiado jóvenes y bien peinados, duros, con los pulmones expulsando dióxido de carbono en cada córner. Al marcar se tocan, se abrazan, se besan, demuestran que el amor late en un balón. Entonces surge la duda, ridícula por otra parte, ¿a cuántos de ellos les gustarán los tíos?

Los hinchas más cavernícolas responderán que no hay futbolistas maricones. La población gay proyecta fantasías de piscina en sus sudorosos iconos. La testosterona indica que cuanto mayores son sus niveles, más arrincona a la orientación sexual. En definitiva, el deporte más popular del mundo prescinde de la libertad de amar de sus trabajadores. Y puede parecer irrelevante —de hecho, lo es de cara al gol—, sin embargo, ese pequeño gran gesto en el campo eliminaría barreras fuera del estadio.

Desde que se inventara este deporte en 1863 han salido del vestuario diez futbolistas, todos ellos de poco renombre y buen pernil. Quizás el fútbol no sea un reflejo de la sociedad y sólo recalen heteros en los equipos, pero tengo mis dudas, sobre todo viendo a Sergio Ramos y Cristiano Ronaldo. Sorprende que entre las jugadoras el tema esté normalizado y entre ellos la cuestión persista por las presiones del ambiente. Convendría recordar que «la heterosexualidad no es normal, sólo común». Y por fin ganaríamos todos, aunque perdamos en la final.

Ilustración: Daniel Coulmann

Los españoles tristes de Colón

Los domingos son mañanas seguidas de tardes en las que no ocurre nada. Quizás uno piensa en lo que hará durante la semana, o se pide otro vermú. Ayer, sin embargo, los verdaderos españoles se congregaron en Colón vestidos de bandera, una grande y esclava de la idea de país. Andaban desorientados, como un superhéroe que se pone la capa y olvida la máscara, llenaban las acercas con el olor del fondo del armario. A lo lejos, dos señores con sombrero de feriante y camisa de manga corta sujetaban una pancarta en la que solamente uno pedía perdón por haber votado al PSOE. El otro fumaba. Cosas así, grises a pesar del día claro.

La manifestación había empezado mal y continuó a peores. Tanto que la mayor ovación se la llevó un camión cargado con un nuevo generador que permitiera continuar con el acto. Es lo que tiene ser y parecer triste, que la energía se convierte en un bien escaso. También hubo discursos. El de un escritor que ha escrito una novela de veintitrés tomos y ochocientas páginas (cada uno), el de una política sin serotonina ni partido que increpaba al gobierno por indultar a delincuentes olvidándose de que en eso consiste, en el perdón de la pena. Casado lo intentó, pero fue interrumpido por la ultraderecha. Es lo que hay.

Sucedió así, entre recuerdos de lo que fue España y esos ciudadanos auténticos que se resisten al presente de las cosas. Si avanzaran no sabrían volver a casa o recordar la lista de los reyes visigodos. En lugar de producir desprecio por sostener esas ideas consiguieron lo impensable: que estemos dispuestos a tenderles la mano, incluso abrazarles, mirarles a los ojos y recordarles que la convivencia nada tiene que ver con los indultos o la manipulación, sino con «participar en la vida ajena y hacer participar al otro en la propia». Eran miles de personas, tantas, que parecían una sola. ¡Qué domingo más triste por Dios!

Ilustración: Francorama

Himno de España en las escuelas

Desde que a Marta Sánchez se le ocurriera masacrar uno de los tres himnos nacionales que carece de letra —los otros son Bosnia-Herzegovina y San Marino—, la polémica resuena hasta en la aulas. Tanto que ahora en Murcia, empeñados en obtener la unión del país a base de retratos del rey, banderas y por megafonía, será posible alentar a los muchachos desde primera hora con la tonadilla. Resulta paradójico que en una comunidad con el segundo mayor índice de fracaso escolar y en la que los padres protestan porque los niños estudian en barracones y sin ordenador se tome esta medida.

Entendemos que su uso diario tiene como objetivo la motivación del alumnado, tal y como un entrenador hace con el «Viva la vida» de Coldplay en los vestuarios. Entonces las pupilas se dilatan y salen a devorar el mundo a base de conocimiento, transportados por el «Franco, Franco que tiene el culo blanco…» y algo de lo que carece el tan denostado reguetón: no les representa, por mucho que se empeñen los adultos. En el caso de que sí lo hiciera, escucharían otra cosa.

En un momento en el que hasta un abrazo se politiza y el rumbo de la política depende de los jueces muchos encuentran consuelo en las canciones. Puede ser en la quinta de Mahler o el adagio de Barber, quizás Jeff Buckley en el Bataclan, Phoebe Bridgers con cascos, Robe, Glenn Gould, Charly o Nina Simone. Da igual. De pronto, la vida con todos su errores, incluso el miedo a estar solos, todo eso que no encaja, se revela como el decorado de un lugar amplio, acogedor, desprovisto de fronteras y aire intoxicado. Los himnos son una creación del hombre; la música, el eco de su mundo invisible. Eso es lo que debe resonar en cada uno, en cada clase, en cada paso de baile.

Ilustración: http://www.danielstolle.com

¡Vete al médico!

«¡Vete al médico!» Con esta gracieta de desubicado, nuestro estado anímico roza el estatus de política. De repente, ir a terapia no es ni estigma ni vergüenza. Bueno, al menos en la camiseta de Errejón, pero parece más cercano el día en que desterremos de una vez la vieja creencia —alimentada por los gurús de la autoayuda— de que «en nosotros y sólo en nosotros reside el poder de ser aquello que deseamos». Resulta que, ahora y más que nunca, es mentira y por esta razón la tristeza, la depresión y el miedo a la muerte ganan terreno en la espiral de pensamientos. Un dato: en España se suicidan 10 personas cada 24 horas y, en el primer semestre de 2020, las enfermedades mentales fueron la sexta causa de fallecimiento.

Más allá de la cuestión de clase que nos impone desde niños la necesidad de ser útiles, generando grados de inferioridad en función de nuestra aportación a la sociedad y al PIB, cada vez es más común sentir esa apatía entre los amigos, las pocas ganas de salir a la calle, o incluso levantarse. Los libros permanecen cerrados o cuestan y la música vuela bajo porque, ¿quién quiere viajar con la mente cuando perder a algún familiar cercano se convierte en hábito?

Bueno para nada, otra mudanza y ya van tres este año; desconectado de mi círculo de íntimos; en los márgenes del mercado laboral y sin derecho a una identidad propia; hola, desesperación, adiós a la independencia económica; inestabilidad y la promesa de otro verano sin festivales… Cada uno se castiga a su manera, de ahí que la depresión y la apatía formen parte de nuestro paisaje diario, en casa y el hemiciclo. Hablar de nuestros miedos sin ansiedad, con un terapeuta o alguien que nos acaricie el dorso de la mano es un gran paso. Resulta que podemos ser felices, incluso cuando no vemos salida.

Ilustración: Matt Blease