12 de octubre, día de pelea

Todo comenzó con un italiano chapetón que daba por esférica a la Tierra plana. En su viaje de lado, y buscando seda y euros, se topó con un terreno muy grande muy grande bautizado América en honor a Vespucio. Con estas credenciales, ¿qué pudo salir mal? Pues habría que preguntárselo a los que nadaban por allí en tiempo de carabelas y cayucos, pero también a los que padecen en martes los desfiles por tierra, mar y aire, estilo invasión pacífica y por la Castellana. Haciéndole justicia al tiempo, integremos a los que celebran este día —“Fiesta de la Raza” hasta el 58— con salves y orgullo patrio, con ventrículo y uniforme porque una vez fuimos reyes sin atardeceres al fondo. Y salió mal.

Españoles somos todos y los hay equidistantes del pretérito que se inclinan a pasar por el presente levantándose tarde, comprando pan blanco y poniendo al fuego una tortilla de patatas poco hecha. En definitiva, prefieren ser felices bajo el ruido de los aviones mientras un bando discute con el otro en la sempiterna lucha por borrar, retorcer y/o hacer biografía de la historia. ¡No les vengan con mierdas de colonialismo, que hoy es fiesta! Y nacional.

Queda por despejar la incógnita de los símbolos en un país llamado casa. La unión sólo se construye compartiendo mitos o mentiras. Da igual. Sin ese hilo invisible resulta imposible obtener un resquicio de paz social más allá de las cañas y los pinchos, probablemente la única certidumbre patria. Nunca tuvimos, ni tenemos, ni tendremos la habilidad de aunar a nuestra propia tierra. Será porque al pedir a los indígenas que cerraran los ojos para orar los despojamos de la suya. España es un descubrimiento acojonante.

Ilustración: Davide Bonnazi

¿Dabiz Muñoz mejor cocinero del mundo?

Decía Paul Newman en inglés: «Soy una persona competitiva. Siempre lo he sido. Y es duro ser competitivo en algo tan inaprensible como actuar. Pero puedes serlo en una carrera porque las reglas son muy simples y está muy claro quien es el ganador». Desde luego el actor tenía razón y belleza. Nadie niega la posibilidad de cruzar la meta con el resto en el retrovisor, destrozar el cronómetro y manosear el diez de los jueces. La duda reside en si lograrlo te convierte en el mejor. Y es que esta palabra puede ser empleada con vehemencia al referirnos a los amigos, ciertos animales de compañía y multitud de objetos inertes. En cambio, cuando el receptor de la misma es un cocinero a muchos se les tuerce el gesto, como si el sabor del plato cambiara al imponer la objetivad en una elección repleta de parcialidad, ingredientes, tendencias y logros empresariales. Bueno, pues para “The Best Chef Awards“, Dabiz Muñoz es el mejor cocinero del mundo en 2021. Abro hilo de sangre.

Y aquí comienza la pelea. Más allá de que la existencia de estas listas emparenta la cocina con un concurso de belleza, resulta innegable que el madrileño posee una capacidad innata para conectar. Ya sea porque invierte un dineral en peluquería o porque le imprime un componente de pasión infantil al ‘simple’ hecho de cocer unas almejas con coco y café y servir un plato que te hace llorar… si no conoces la receta. Incluso su donut a base de grasa de palma hidrogenada tiene su punto porque acerca la cocina elitista a ese pueblo llano amante de las madalenas. ¿Marketing? Probablemente. ¿Curro? Debe echarle 18 horas al días, el resto corre.

Queda por resolver la cuestión de fondo. Y es que poco importa quién sea el mejor en algo porque, en el hipotético caso de serlo, dura el tiempo que uno traga una tortilla francesa sin queso. Sería maravilloso poder alegrarse de los logros de los demás, un rato, aunque se haga bola, y así ir dejando atrás toda la bilis y la mala hostia que ha caracterizado este año y medio. Comer, beber, reír y follar. Ese es el consejo de este viernes y la diferencia entre la buena y la mala digestión de toda una vida. Enhorabuena, chef.

Ilustración: https://studiopatten.com/

Españoles, hay españoles negros

En 1979 había un negro en toda la provincia de Segovia. Nacido en Cuba, tenía los dientes tan nevados como la cumbre de la Bola del Mundo y los niños le señalaban por la calle. «Mira, mamá, un negro». Joaquín, así se llamaba, les devolvía el afecto con clases de inglés y deje de La Habana, ajeno al hecho de que algunos de esos críos mirarían al mundo con la misma desconfianza… cuarenta y dos años después. De pronto, los españoles negros (o puede que sean negros españoles) se atreven a desafiar el tiempo y la gravedad, enarbolan banderas rojigualdas y cometen la osadía de apellidarse Peleteiro. Está claro que ya nada es como antes… gracias, en parte, a los Juegos Olímpicos.

Queda en evidencia el complejo de salvador blanco tan explotado por Vox y su cuadrilla —incluido Ignacio Garriga y algún despistado más— al obviar los triunfos de estos `españoles españoles´ con cordones umbilicales en África y otros lugares inhóspitos. Se les olvida que la gente joven y la leña son todo humo y el azul baña los perfiles de un planeta repleto de colores, formas y combinaciones líquidas.

Así el broce mezcla el cobre y el estaño, siendo su base el primero y hasta un veinte por ciento el segundo. El oro del podio contiene restos de plata, zinc e incluso cobre. La plata, arsénico y antimonio. De esta forma, la pureza viene determinada por las acciones, tanto de los deportistas como de nuestros representantes políticos. Institucionalizado el deporte sirva éste como política de conciliación. Localizada la estrategia del odio sirva el bronce como sustento para esta nueva EspAna, una en varias, mixta, libre de fascismo.

Ilustración: creativereview.co.uk

Venga, ¿es Cuba una dictadura o qué?

Embajador de Panamá. Foro de la Organización de los Estados Americanos (OEA). «¿Cuál sería la reacción de un derechista, un demócrata cristiano y un comunista frente a la infidelidad del cónyuge? Pues el derechista la emprendería a golpes; el demócrata cristiano se sentaría con su pareja para intentar que no volviera a suceder y el comunista tiraría piedras contra la Embajada de los Estados Unidos». Evidentemente, la gran mayoría de los presentes se descojonó. La parábola del chiste viene ahora. La OEA nunca resolvió nada, ni las desapariciones de Chile y Argentina, ni la guerra de las Malvinas ni, por supuesto, la importación del marxismo en Cuba. Eso sí, ahí se reunían con el fin de cambiar todo para que nada cambiara. Bueno, ahora el «Patria y Vida» resuena en la isla ante la falta de los alimentos, vacunas y una vida más digna.

Mientras los cubanos hacen valer sus derechos fundamentales, el mundo a su alrededor se pierde en debates baldíos que la izquierda dribla por miedo a perder tasa turística. ¿Es Cuba un régimen totalitario? Poco se parece a Siria o Sudán. ¿Es Cuba una dictadura? En el caso de que lo fuera, queda lejos de la de Franco, exactamente a 7.152 kilómetros y un Meliá todo incluido. De esta forma, un país internacionalista volcado en los servicios al exterior recibe críticas feroces ante el trato que reciben sus habitantes. La prisión de Guantánamo tortura desde el 2002, pero al tratarse de los enemigos del mundo libre…

Poco importan las palabras o las definiciones académicas. La España democrática y parlamentaria vulnera la libertad de expresión cada día, aplica porras y pelotas de goma de manera indiscriminada y en un audio de Florentino Pérez hay más caciquismo y maldad que en toda La Habana. El desafío no se encuentra en las definiciones, sino en lograr entender la palabras de un santo: «En una fortaleza asediada, toda disidencia es traición». Dignidad para el pueblo cubano.

Ilustración: agentpekka.com

Selección española y orgullo gay

Nadie discute la importancia del fútbol moderno. Es más, a pesar de la distancia social sigue ejerciendo un magnetismo universal y pecunario. Así, los que expresamos sin tapujos que nos aburre siempre vemos los partidos de la selección española, chavales cuyas emociones y bocas se ocultan bajo la palma de la mano, minuto y resultado de una época en la que la estrategia invade cada regate. Ahí están ellos, demasiado jóvenes y bien peinados, duros, con los pulmones expulsando dióxido de carbono en cada córner. Al marcar se tocan, se abrazan, se besan, demuestran que el amor late en un balón. Entonces surge la duda, ridícula por otra parte, ¿a cuántos de ellos les gustarán los tíos?

Los hinchas más cavernícolas responderán que no hay futbolistas maricones. La población gay proyecta fantasías de piscina en sus sudorosos iconos. La testosterona indica que cuanto mayores son sus niveles, más arrincona a la orientación sexual. En definitiva, el deporte más popular del mundo prescinde de la libertad de amar de sus trabajadores. Y puede parecer irrelevante —de hecho, lo es de cara al gol—, sin embargo, ese pequeño gran gesto en el campo eliminaría barreras fuera del estadio.

Desde que se inventara este deporte en 1863 han salido del vestuario diez futbolistas, todos ellos de poco renombre y buen pernil. Quizás el fútbol no sea un reflejo de la sociedad y sólo recalen heteros en los equipos, pero tengo mis dudas, sobre todo viendo a Sergio Ramos y Cristiano Ronaldo. Sorprende que entre las jugadoras el tema esté normalizado y entre ellos la cuestión persista por las presiones del ambiente. Convendría recordar que «la heterosexualidad no es normal, sólo común». Y por fin ganaríamos todos, aunque perdamos en la final.

Ilustración: Daniel Coulmann

Los españoles tristes de Colón

Los domingos son mañanas seguidas de tardes en las que no ocurre nada. Quizás uno piensa en lo que hará durante la semana, o se pide otro vermú. Ayer, sin embargo, los verdaderos españoles se congregaron en Colón vestidos de bandera, una grande y esclava de la idea de país. Andaban desorientados, como un superhéroe que se pone la capa y olvida la máscara, llenaban las acercas con el olor del fondo del armario. A lo lejos, dos señores con sombrero de feriante y camisa de manga corta sujetaban una pancarta en la que solamente uno pedía perdón por haber votado al PSOE. El otro fumaba. Cosas así, grises a pesar del día claro.

La manifestación había empezado mal y continuó a peores. Tanto que la mayor ovación se la llevó un camión cargado con un nuevo generador que permitiera continuar con el acto. Es lo que tiene ser y parecer triste, que la energía se convierte en un bien escaso. También hubo discursos. El de un escritor que ha escrito una novela de veintitrés tomos y ochocientas páginas (cada uno), el de una política sin serotonina ni partido que increpaba al gobierno por indultar a delincuentes olvidándose de que en eso consiste, en el perdón de la pena. Casado lo intentó, pero fue interrumpido por la ultraderecha. Es lo que hay.

Sucedió así, entre recuerdos de lo que fue España y esos ciudadanos auténticos que se resisten al presente de las cosas. Si avanzaran no sabrían volver a casa o recordar la lista de los reyes visigodos. En lugar de producir desprecio por sostener esas ideas consiguieron lo impensable: que estemos dispuestos a tenderles la mano, incluso abrazarles, mirarles a los ojos y recordarles que la convivencia nada tiene que ver con los indultos o la manipulación, sino con «participar en la vida ajena y hacer participar al otro en la propia». Eran miles de personas, tantas, que parecían una sola. ¡Qué domingo más triste por Dios!

Ilustración: Francorama

Himno de España en las escuelas

Desde que a Marta Sánchez se le ocurriera masacrar uno de los tres himnos nacionales que carece de letra —los otros son Bosnia-Herzegovina y San Marino—, la polémica resuena hasta en la aulas. Tanto que ahora en Murcia, empeñados en obtener la unión del país a base de retratos del rey, banderas y por megafonía, será posible alentar a los muchachos desde primera hora con la tonadilla. Resulta paradójico que en una comunidad con el segundo mayor índice de fracaso escolar y en la que los padres protestan porque los niños estudian en barracones y sin ordenador se tome esta medida.

Entendemos que su uso diario tiene como objetivo la motivación del alumnado, tal y como un entrenador hace con el “Viva la vida” de Coldplay en los vestuarios. Entonces las pupilas se dilatan y salen a devorar el mundo a base de conocimiento, transportados por el «Franco, Franco que tiene el culo blanco…» y algo de lo que carece el tan denostado reguetón: no les representa, por mucho que se empeñen los adultos. En el caso de que sí lo hiciera, escucharían otra cosa.

En un momento en el que hasta un abrazo se politiza y el rumbo de la política depende de los jueces muchos encuentran consuelo en las canciones. Puede ser en la quinta de Mahler o el adagio de Barber, quizás Jeff Buckley en el Bataclan, Phoebe Bridgers con cascos, Robe, Glenn Gould, Charly o Nina Simone. Da igual. De pronto, la vida con todos su errores, incluso el miedo a estar solos, todo eso que no encaja, se revela como el decorado de un lugar amplio, acogedor, desprovisto de fronteras y aire intoxicado. Los himnos son una creación del hombre; la música, el eco de su mundo invisible. Eso es lo que debe resonar en cada uno, en cada clase, en cada paso de baile.

Ilustración: http://www.danielstolle.com

¡Vete al médico!

«¡Vete al médico!» Con esta gracieta de desubicado, nuestro estado anímico roza el estatus de política. De repente, ir a terapia no es ni estigma ni vergüenza. Bueno, al menos en la camiseta de Errejón, pero parece más cercano el día en que desterremos de una vez la vieja creencia —alimentada por los gurús de la autoayuda— de que “en nosotros y sólo en nosotros reside el poder de ser aquello que deseamos”. Resulta que, ahora y más que nunca, es mentira y por esta razón la tristeza, la depresión y el miedo a la muerte ganan terreno en la espiral de pensamientos. Un dato: en España se suicidan 10 personas cada 24 horas y, en el primer semestre de 2020, las enfermedades mentales fueron la sexta causa de fallecimiento.

Más allá de la cuestión de clase que nos impone desde niños la necesidad de ser útiles, generando grados de inferioridad en función de nuestra aportación a la sociedad y al PIB, cada vez es más común sentir esa apatía entre los amigos, las pocas ganas de salir a la calle, o incluso levantarse. Los libros permanecen cerrados o cuestan y la música vuela bajo porque, ¿quién quiere viajar con la mente cuando perder a algún familiar cercano se convierte en hábito?

Bueno para nada, otra mudanza y ya van tres este año; desconectado de mi círculo de íntimos; en los márgenes del mercado laboral y sin derecho a una identidad propia; hola, desesperación, adiós a la independencia económica; inestabilidad y la promesa de otro verano sin festivales… Cada uno se castiga a su manera, de ahí que la depresión y la apatía formen parte de nuestro paisaje diario, en casa y el hemiciclo. Hablar de nuestros miedos sin ansiedad, con un terapeuta o alguien que nos acaricie el dorso de la mano es un gran paso. Resulta que podemos ser felices, incluso cuando no vemos salida.

Ilustración: Matt Blease

El fascismo es alegría

El fascismo es alegría. El sábado, estas cuatro palabras fueron pronunciadas por Ignacio Menéndez, abogado de Carlos García Juliá, uno de los autores de la matanza de Atocha y condenado a 193 años de prisión de los que cumplió 14. Espoleado por reservistas, gente con poco pelo y mucha memoria, formaba parte de un homenaje a la División Azul, unidad de voluntarios españoles que luchaban contra la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial. Su lema: «Sin relevo posible, hasta la extinción». Establecido el contexto, repleto de alegatos contra los judíos y caras al sol, un sacerdote blando, consignas para saltarse el toque de queda y barra libre de simbología nazi, es inevitable pensar que hace una hora han encerrado a Pablo Hasel por cantar «me cago en la marca España explotadora y casposa». Y sí, las comparaciones resultan odiosas, pero dejan al descubierto las costuras de nuestra democracia, de nuestra realidad flotante.

Es verdad que el fascismo es regocijo. De hecho, cuenta con numerosos defensores en el Congreso al otorgar pases pernocta para sus afiliados y votantes, una pátina de invulnerabilidad. Manifiéstate en su nombre, busca cobijo en su bandera y podrás volver a casa sin temor a la ley y sus consecuencias. Sí, es alegría, del latín alicer o alecris, presencia de lo divino como flujo transformador y energizante, un acto de rebelión contra los principios más básicos de la convivencia, la insumisión mal entendida de este siglo envuelta en el honor y la gloria de todos sus muertos.

Por eso los fascistas entonan la palabra ¡arriba! con la certeza del que se sabe a salvo. Por eso gritan más alto, señalan al débil, desgastan la palabra patria, España a un lado, al otro Europa y allá a su frente la impunidad. Así el pasado regresa una y otra vez al ahora, para recordarnos que los hay que no sólo no aprenden, sino que se refuerzan en sus convicciones, e incluso atraen a sangre fresca con labios rojo plasma. Tanto se resiste a morir que retuerce el sentido de las palabras y la pena se convierte en alegría, el gris tiende al azul y la mentira es una supuesta verdad contada por cobardes. A esa ficción me remito con las palabras de Porco Rosso: «Prefiero ser un cerdo a ser un fascista». Y también un triste.

Ilustración: http://www.studioghibli.net

La vacuna de la vergüenza

Manuel Villegas. Consejero de Salud de Murcia (PP) junto a otros 400 elegidos (a dedo); Esther Clavero. Alcaldesa de Molina de Segura (PSOE); Jesús Fernández. Alcalde de El Guijo (CDEI); Sergi Pedret. Alcalde de Riudoms (JxCat)… y la lista continúa, con amplía mayoría de PP y PSOE. Pues bien, se trata de los políticos que han decido vacunarse, suponemos que por formar parte del grupo prioritario: residentes de centros para ancianos, personal sanitario y sociosanitario. Lo peor son las excusas, «sobraban vacunas y por mí y todos mis compañeros», ¿sus compañeros? En realidad fue para dar ejemplo y dedicarle los 365 del año a la gestión de una larguísima pandemia que ha demostrado la inutilidad del ser humano, excepto en lo relativo a la ciencia. Ahí hay que reconocer que el algoritmo de Facebook sorprendió a cronopios y magas con la invención del remedio.

Es curioso, pero solo hay que mirarles a la cara para darse cuenta de que muy listos no son. Lo que nos lleva a inferir que por eso decidieron entrar en política, el arte de vivir en una sociedad de clases y clases, siendo ellos meros servidores públicos. Así miran a cámara entre despreocupados y carroñeros, convencidos de que un perdón publico a tiempo entierra la vergüenza y de paso pasamos a otra cosa, quizás a una fase en la que los únicos ciudadanos ejemplares sean ellos. «Vivir, dormir, tal vez soñar» que decía el príncipe de Dinamarca.

Ahora habrá que volver a pincharles, no sea que desperdiciemos dosis en personas desperdiciadas para la sociedad. ¿Sirve de algo que dimitan? En todo caso por feos. Al final después de estos vendrán otros, y después otros, y el mundo seguirá pensando que los mayores deberían de estar muertos. Ya vivieron lo suyo, es hora de sangre de Tik-Tok. Ante semejante vileza uno llega a varias conclusiones que en realidad son dos: ser político podría considerarse una ocupación a tiempo parcial, como poner copas y, no serlo es, sin duda, todo menos «un dilema intentado salvar sus dos caras a la vez».