El bigote

El bigote ha regresado, como una ola sin Rocío. En realidad, nunca se fue. Simplemente ahora, después de las axilas y las ingles pobladas, se impone como parte del desfile con una particularidad: todos los bigotes son el mismo. Da igual que unos sean hirsutos o de lápiz, a ras del labio o a modo de cinta adhesiva. ¿Por qué?, se preguntan los escépticos. Porque este accesorio recupera las caras de los otros: ese padre de joven posando con su Vespa, el abuelo en la cama, el tío que te daba tanto asco…, de ahí el atractivo. Te levantas triste, tienes sueño. Pues bien, piensa en un bebé con un bigote y todo cambia. El mundo necesita más bigotes, menos chándales. Dan vidilla a las puertas de un colegio y en las cárceles. Mi bigote me define. «Este es idiota». Y tienen razón, vaya si la tienen.

Desde que me lo dejé mi vida cambió para peor. Ahora no tengo que hacer cola en la sauna y, de vez en cuando, algunas mujeres agarran firmemente el bolso al cruzarse conmigo por la calle. Entonces me lo toco para ver si hay un churrete, pero nada. El bigote fue un símbolo de hombría en su momento, otorgaba clase y una autoridad capilar mal entendida. El bigote de la posmodernidad convierte a cualquier gañán en un gañán con bigote, aporta ese punto tan original que te convierte en un aprendiz de Mercury o Aznar. «¡Super López!». me gritó un borracho en San Bernardo. Debería haber gritado Frida o anticonceptivo.

Algo tiene el bigote que agita las conciencias. Se lo escuché a un grupo de chicas. Bebían cerveza y una de ellas dijo: «el pibe tenía un bigote de violador que le ponía como loca». Seguí andando mientras tapaba mi bigote con la malo mala. A día de hoy puedo asegurar que aquellos que llevan bigote no tienen ni idea de lo que son ni de lo que quieren ser, que lo que tienen en la cara no es suficiente para ser ellos mismos. Sin embargo, el bigote acompaña como el pan o una pistola en el bolsillo. Dadle tiempo, osad, divertíos y contadme lo ridículas que os veis al afeitaros. Hair power.

Ilustración: David Shrigley

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