Ser fan de la Selección nos hace creer que somos sus mejores aliados. Y surge un vínculo entre los que están frente a la pantalla y los que hacen fácil lo inalcanzable. Noventa minutos. Un truco de magia. Once convertidos en patria. Ninguna de las reacciones de jugadores y aficionados es racional. Más bien se trata de emociones sesgadas por la victoria. Si hubiera un momento para detener la vida —no confundir con ir a la nevera a coger una cerveza—, todo un país, hasta el más futbolero, llegaría a la conclusión de que estos chicos tan jóvenes, tan guapos, tan nuestros, son unos garrulos.
¿Debemos separar al autor de la obra? ¿Cómo es posible que un elegido en el campo pueda representar la caspa mejor que nadie? Podríamos culpar al alcohol de un cambio tan drástico. Celebrar bien nunca estuvo al alcance de los mortales. Lo dudo. Estos chicos monopolizan lo que vemos, héroes en pantalones cortos y cortos sin camiseta. Por esa razón despiertan pasiones y desvelos, nos quitan la venda de los ojos. ¿Cuántos se sentirán culpables por haberles amado tanto? Aquellos incapaces de asumir sus propias contradicciones.
A diferencia del arte, donde confluye la biografía del artista y la del aficionado, en el fútbol confluye la biografía del futbolista con las aspiraciones del aficionado. Ellos tienen dinero, belleza, futuro. Nosotros ninguna de las tres. A partir de hoy, hay otra mancha roja en la conciencia colectiva porque no queremos a quien se lo merece, sino a seres humanos profundamente imperfectos. De lo contrario, ¿cómo explicar que estos dos hayan hecho felices a tantos millones de personas? Goles son amores, no buenas razones.

Hola, Javier.
Yo hace muchos años que pasé de amar al «furbo» a odiarlo. Demasiadas zonas oscuras detrás de cada equipo, cada partido, cada estrella fugaz, para intentar cegarnos del resto de los problemas.
No me extraña todo lo que se ha montado antes, durante y después del campeonato. Ya sabes aquello de «pan y circo». De lo que estoy seguro es de que si estos chavales hubieran perdido la final, nada de lo conseguido hubiera merecido aplauso. Solo valen las victorias y el paso del altar a las catatumbas siempre es cuesta abajo.
Y, que se mezcle deporte, política, fanatismo, patriotismo y héroes caídos en el fútbol, no sé de qué se sorprende la gente. Siempre ha sido así.
Un Abrazo
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Cierto. Siempre ha sido así. Pero se nos olvida.
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