leer es una forma de desaparecer

Angine de poitrine, ¿qué le ha pasado a mi pantalla?

Angine de Poitrine. Primero el nombre. Luego un dúo, Khn y Klek, de rock progresivo disfrazado de muñecos. Después su música, microtonal, disonante para casi todos, adictiva porque mezcla la angustia del que no quiere mirar a alguien atropellado por el metro con la sensación de que no todo está inventado. Los disfraces son el anzuelo. En algún momento dejan de importar. Loops y riffs. Y es ahí donde empieza lo interesante.

Porque lo que hacen sigue siendo lo de siempre: estructuras largas, capas de guitarras sobre un bajo, cambios de ritmo, precisión, una cierta idea de complejidad a la contra de una realidad con tendencia a ser simplificada en exceso. Será el sistema. Pero todo eso aparece desplazado, encarnado en algo blando, lúdico y de lunares, infantil, ligeramente angustiante. ¿Qué le ha pasado a mi pantalla? Si ya no fumo porros. Hay fricción. Esa fricción cambia la escucha, volviéndola más difícil de situar. La falta de encaje genera una forma de atención. Maravillosa.

Luego están los comentarios: “un uso absolutamente absurdo del libre albedrío”, “esto es lo que pasa cuando divides entre cero”, “así suena el final de π”, “esto no se escucha, se huele”, “mi alma ha sido actualizada”, “¿hacéis bodas?”, “sobreviví a un cáncer para esto”, “espera, ¿vosotros también los veis por dentro de las máscaras?”, “lo único que tiene sentido en 2026”. Formas de aproximarse a lo que parece fuera de lugar y que, sin embargo, convierte a la música en la razón para seguir despiertos, perdidos, sí, siempre rendidos a su capacidad para sorprendernos.


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