leer es una forma de desaparecer

Jacob no es guapo, mide metro noventa y seis

Hay una teoría no demostrada según la cual Jacob Elordi no es guapo. O, al menos, no en el sentido hollywoodiense del término. Sus facciones parecen debatirse entre dos ideas que nunca llegan a encontrarse: una frente cubierta con un flequillo de acero, una mandíbula que serviría de yunque en cualquier herrería de la provincia de Segovia y unos ojos que miran como si evaluaran la dureza de un tronco. Antes del primer hachazo. ¿Armonía? Poca. ¿Decisión? Toda la del mundo. Y esa decisión siempre refleja sus temores, nunca sus esperanzas.

Lo que sí hay —y aquí conviene decir la verdad— es altura. Mucha altura. Muchísima. Tanta como para que el cerebro humano —masculino, femenino y el resto— rellene ese cuerpazo con atributos extraordinarios. Alguien hizo la prueba: fotografía de grupo, varios hombres, todos más bajos. Elordi, Estatua de la Libertad. Después, alguien tuvo la indecencia de modificar las escalas. Resultado: Jacobo reducido a tamaño medio se convertía en un ciudadano más, perfectamente integrado en cualquier fila del Día. Sin dramatismos, sin trampantojos.

Y aquí entra la envidia como método de análisis —nunca como pecado—: una forma de mirar de cerca aquello que nos irrita y jamás estará en nosotros. Tal vez nada tenga que ver con su altura, sino con el lugar que ocupa, reservado a un grupo muy reducido de seres humanos ricos, talentosos y sobredimensionados por el cine. O quizás sea esa expresión de cervatillo que, incomprensiblemente, funciona. Jacob Elordi: la prueba lúbrica de que medir metro noventa y seis sigue siendo el mejor tratamiento de belleza que existe.

Escribo mucho.

No es para todo el mundo

(sin spam, sin frecuencia fija)


Comentarios

9 respuestas a «Jacob no es guapo, mide metro noventa y seis»

  1. Avatar de Juanjo
    Juanjo

    LOSING OIL AS A F**KING FOUNTAIN…LOL

  2. Qué descripción más excepcional.

    ¿Qué puedes esperar de un actor con nombre de erección? ¡Longitud!

    Es cierto que esa carita de ser desvalido puede conmover, e incluso mitigar el posible agobio por los casi dos metros de altura. En su caso, no surgen dudas respecto a la capacidad cerebral para tanta carne, huesos y ligamentos: no es solo cuerpazo, tiene algo; creo que lo hemos podido comprobar en Frankenstein.

    No a todas nos gustan los hombres altos. Nunca me han atraído, y no creo que sea exclusivamente por una solidaridad inconsciente con aquellos que carecen de un atributo fundamental para ser un buen ejemplar de su sexo.

    Eso de que sea fundamental o no es algo que Jacobo no tendrá que plantearse nunca.

    1. Si pudieras elegir entre el mismo hombre en alto o en bajo, ¿cuál elegirías?

      1. ¿Sería el mismo hombre? Mmm
        ¿No hay un término medio? (Lo queremos todo…)
        Me quedaría con el bajo. (Bajo no es «retaco», entiéndase).

      2. Me interesa mucho esta conversación

  3. No sé qué decirte, Javier.
    He vuelto a caer («bajo» no, al menos).

    1. Jimena, me tienes en ascuas

    2. La tentación vive abajo

  4. Ascuas… Mmm, algo de química del fuego —y su extinción— sé. Si quieres discutir más sobre el tema, ya sabes dónde encontrarme.
    Adieu, mon petit.

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