Los ‘fachaflautas’ de Nuñez de Balboa

No faltaba nadie. Cayetano, Borja, Covadonga, Pelayo… todos a una, bien juntitos, exigiendo la dimisión de Sánchez en nombre de una tal ‘Libertad’ y luciendo los complementos del perfecto gilipollas: chaleco tacto-pluma, cacerola, hierro 8 y capa de España a lo Superman. Y es en ese momento cuando uno trata de entender por qué el estrato social mejor dotado para capear la crisis, ese que viste a su perrito, casado con un primo y con evidentes dificultades para pronunciar sin un ‘osea’ demuestra el comportamiento de un antisistema… con encefalograma plano, claro.

Resulta que los caminos del ‘fachaflauta’ de Nuñez de Balboa son inescrutables. Salen a protestar siguiendo los pasos del 8M con el agravante de que ahora saben cómo se propaga un virus que ha dejado 9.000 muertos en su ciudad, lo hacen —y lo seguirán haciendo— convencidos de que la policía no entrará en el barrio y la ‘chacha’ les espera con la cena lista, pero sobre todo lo hacen por ¡España!, ese régimen ‘fasciocomunista’ que les ha arrebatado su vida de polo y rentas vitalicias.

Es en momentos así cuando uno echa de menos el ‘procés’ y enviaría una remesa de Mossos d’Esquadra a repartir comportamiento cívico entre aquellos que ocupan el vértice alto de la pirámide, esos de las universidades de pago alérgicos al no y que han conseguido en una sola tarde lo que parecía imposible: convencer al resto de la sociedad de que no solo son una amenaza contra la estética, sino que ahora el único Balboa que merece respeto es Rocky I. La ‘cayetanización’ de la pandemia ha comenzado.

El Real Madrid pierde, las mujeres ganan

Parece ser que la vida, una sucesión de acontecimientos con tendencia a repetirse, siempre ha sido un juego de hombres y mujeres. Y no empleo la preposición contra porque creo que en ese partido —que se libra todos los días en un terreno de juego llamado mundo—, el protagonismo lo comparten los dos… pero tan solo los primeros acaparan la luz de los focos.

A pesar de la evidencia, en el deporte, las letras, cerca de las estrellas y a pie de calle, muchos hombres consideran que todas estas reivindicaciones feministas están fuera de lugar porque, si el sistema funciona, ¿para qué cambiarlo?

Resulta que la otra mitad, exactamente 3712 millones de mujeres, no comparte esa visión. Y no solamente eso, sino que sienten que deben de dar un paso al frente y decir bien alto que no les gusta lo que ven, que ya está bien de ser las guardianas de la clandestinidad, y que a veces, el todopoderoso Real Madrid, Victor y Victoria del deporte rey, tiene que aceptar la derrota y recapitular.

Es un hecho; las mujeres, «esas que se quedaban en casa con los niños», comienzan a ser una “amenaza” porque ya no tejen jerseys blancos para el invierno, sino que tejen cambios, algo que es percibido por el macho competitivo como una amenaza.

¡Hombres!; ignorad la realidad del 8M o si preferís parad un segundo, escuchad sus reinvindicaciones y —si así lo sentís— secundad la huelga. Pero estad tranquilos porque ellas no reclaman vuestras cabezas o dominar el mundo (tienen cosas más importantes que hacer), ni siquiera desean ejercer el poder sobre vosotros… sino sobre ellas mismas.