De tetas, museos y censura

Así es como, en pleno 2020 “que se pase pronto, por favor”, un escote o unos pezones siguen causando revuelo en cualquier parte del mundo. Incluso en el Museo de Orsay, meca de la alta cultura y que incluye en sus paredes, entre otros, “El origen del mundo” de Courbet, “Almuerzo sobre la hierba” de Manet, o “Torso, efecto de sol” de Renoir. Para todos aquellos con memoria visual y mala para los nombres, recordarles que se trata de cuadros de coños, pezones, luz y algo parecido a la vida en su versión al óleo. Eso sí, a una muchacha con un vestido díscolo que dejaba al descubierto un brochazo entre dos senos cubiertos se le deniega la entrada. Y vuelta a empezar con la misma mierda de siempre.

Y es que resulta que, cuando creemos tener superado el tema de marras, un agente de reservas nos vuelve a sorprender. Será porque simplemente estaba cumpliendo órdenes relativas al código de vestimenta —nada de tejidos sintéticos entre tanto pastel, cochina—, porque sigue escudriñando el canalillo cuando debe asegurarse de que el visitante ha comprado una entrada olvidándose de los ojos, o simplemente porque los idiotas cachas se pavonean cada día sin camiseta cerca de mi casa y a las mujeres se les exige desnudarse exclusivamente en una habitación estanca y a oscuras, por si hay niños cerca. Hombres, vamos.

Normal que el colectivo Femen convierta el cuerpo de sus guerreras en eslogan y se encabrone una vez más, escupiendo el mantra machirulo titulado la obscenidad está en vuestros ojos. Pues resulta que sí, y que la inmoralidad está en la muerte y poco más, aunque siempre es más sencillo echarle la culpa a la piel y la naturaleza de la carne entendida como existencia. Resulta que lo peor de nosotros nunca se encuentra a plena vista, pero no nos entra en la cabeza.

Ilustración: Gustave Courbet

Lo que tus ex piensan de ti

Los lunes son días confusos, mezcla de depresión y luz filtrada por una nueva semana de vida en la tierra, origen de algunas de las preguntas más inverosímiles a las que podrías hacer frente en este momento de agonía existencial : ¿por qué Dani Martín se empeña en sacar más discos? ¿Es el coronavirus un nuevo modelo de tiara de Swarovski? ¿Con qué mezcla la cocaína tu camello? Pasado el momento de crisis te viene a la cabeza lo que tus ex pensarán de ti ahora que tienen la suerte otorgada por la tan necesaria distancia redentora.

El caso es que hay cierta información a la que uno no debería acceder nunca y, sin embargo, una vez asimilada resulta muy útil. Primero que hace unos años tú te veías como alguien profundo, “cool”, siempre con un libro en la mano y una nueva canción entre los dedos, y ella en cambio, no podía entender cómo eras tan terriblemente pretencioso, un “subidito” más con ambiciones de Nobel que no habría pasado el corte de la primera ronda de “Saber y ganar”. En definitiva, un flipado. Dada la diferencia de edad que os separaba no dejabas de ser su novio viejo, precisamente porque a ella le gustaban mayores y claro, conformarse con echar uno al día le generaba muchísima ansiedad.

¿Y qué decir de la que tuvo que aguantarte en tu periodo universitario? Probablemente acarició tu mejor momento, el de la electricidad y los pantalones “cagados” y a cambio no le dejaste más que una sensación de pérdida de tiempo irrecuperable. ¿Y la que te veía como el hombre más sexy en la faz de la tierra? Eso es porque no se ha cruzado contigo en un probador del Bershka junto a tu actual mujer y el carrito de los niños. Lo dicho, con una espiral de pensamientos así los lunes son peores todavía. ¿Feliz? semana, corazones.

La unión de la diferencia

Ahora que sobrevolamos irreversiblemente el precipicio de nuevas elecciones y el fin del bipartidismo se antoja como una posibilidad al alcance de las urnas, quizás sea el momento de volvernos locos… y hacer todo lo posible por conseguir una cierta uniformidad basada en el extremo de las diferencias. Alguno creerá que estas palabrotas —en un contexto sociopolítico—, van en contra de la empalagosa unidad, mármol quebradizo sobre el que supuestamente se edifica la red social de España y sus hermanas, siempre condicionada por su posición estratégica, un poco ave de paso, otro poco tertulia en la que, a lo largo de los siglos, se dieron cita lo diverso y los conversos, el corral de Europa con la arena fina del Sáhara, la conexión sangrienta con Cuba y su son, México y el dios Tezcalipoca, pasando por los vals entre musulmanes, judíos y machos ibéricos por bulerías. Pero nada más lejos de la realidad.

Una vez establecido el contexto en el que, por mucho que nos caigamos mal, no podremos eliminarnos de ningún muro común, lo más razonable sería realizar combinaciones absurdas, divertirnos con la disparidad y pensar en seres humanos —mal que nos pese— situados las antípodas de nuestra supuesta altura moral. Y me vienen a la cabeza el puto Bertín Osborne, Francisco Rivera Ordoñez, Eduardo Inda o Almeida, por citar a mis menos preferidos, como máximos candidatos para compartir cervezas IPA. Siempre con el propósito de conocernos mejor… y de paso emborracharnos.

Superada la arcada (mutua) inicial, estoy seguro de que seríamos capaces de pasar un rato estupendo, sorprendernos al comprobar que la distancia entre nosotros es insalvable, y a pesar de todo no está enterrada. En ese mausoleo de Malasaña o el Fuerte de San Carlos, entre el ruido de las bicis eléctricas y bajo la brillante luz día, brindaríamos por el único país con forma de bandera que se estrella contra una farola el 12 de octubre, último reducto en el que no ponerse de acuerdo es la variable absurda de un universo en continua expansión. Hagamos el esfuerzo; aunque sea lunes y laborable.