Los que no se manifiestan en un Mercedes

Estábamos a punto de conseguirlo. Por fin éramos capaces de devolver el préstamo, vivir en un tercero con luz por las mañanas, incluso podíamos viajar por todo el planeta y compartirlo con el mundo, como si de pronto vivir de acuerdo a nuestros principios no fuera aquel plan inalcanzable y sí una certidumbre pequeña, pero firme… hasta el 16 de marzo de 2020. Ese día, y por primera vez, fuimos conscientes de que el porvenir se fundía en negro ante la primera generación que vive peor que sus padres.

Estamos hartos de luchar, de comenzar de nuevo, de mudarnos a un piso de estudiantes en el que no nos cabe el ficus, de reinventarnos una, otra, una vez más. Porque las fuerzas menguan y además, ahora que padecemos la violencia de un sistema que funciona para la minoría, tenemos que aguantar a Nadal y los nostálgicos del Mercedes descapotable reclamando una vieja normalidad que es un cadáver entre estadísticas a la baja.

A pesar de todo y como siempre fue y será, levantaremos la mirada y echaremos a andar manteniendo las distancias, lejos de Nuñez de Balboa y el desequilibrio camuflado en odas a la libertad libre; reclamaremos otra manera de crecer en la que reponedores y máquinas expendedoras son compañeros de fatigas; alternando ‘telesalud’ y médicos a domicilio, campos verdes y pantallas de móvil, lo público y lo táctil, la bici y la electricidad de Tesla. A veces retroceder también es un gran paso, a veces ser rebelde tiene causa… y además se hace presente cada día.

Ilustración: elisacanali.com

Liberté, Égalité, Fraternité y Audis TT

La fotografía muestra un mapa de Madrid entre 1936 y 1939. Elaborado por los arquitectos Luis de Sobrón y Enrique Bordes, nos da una idea muy clara del urbicidio —el primero en la historia de la (des)humanidad— causado por fuego enemigo, el mismo que a base de morteros, traición y sangre acabaría gobernando este país. Llama la atención que la parte superior derecha, correspondiente al ya infame distrito de Salamanca, apenas recibiera impactos. Razón: la gran mayoría de sus vecinos eran partidarios de la sublevación… por la fuerza, claro.

El tiempo ha ido pasando para todos. El centro de Madrid es ahora una copia de una copia de cualquier otra capital y, sin embargo, la calle de Nuñez de Balboa mantiene la piel de siempre, radiante, suspendida en una nube de formol y perfumes caros, habitada por gente decente que no está acostumbrada a perder y que ahora se manifiesta en grupo sin objetivo ni causa justificada. Y así demuestran su amor por una patria que, según ellos, siempre ha sido una, grande y libre.

Vivimos un esperpento diario. Por esa razón es lícito aplicar lemas revolucionarios a los inmovilistas más españoles, precisamente porque esta vez es más probable que nunca que las bombas caigan en sus patios y caballerizas, en sus alcobas con vistas al Retiro y en esas vidas al margen de un pueblo que por fin es pueblo porque incluye al pobre y al rico. Pijos, repetid conmigo: «Liberté, Égalité, Fraternité… y Audis TT». Y así nos olvidamos de la muerte.

Ilustración: Luis de Sobrón y Enrique Bordes

Los ‘fachaflautas’ de Nuñez de Balboa

No faltaba nadie. Cayetano, Borja, Covadonga, Pelayo… todos a una, bien juntitos, exigiendo la dimisión de Sánchez en nombre de una tal ‘Libertad’ y luciendo los complementos del perfecto gilipollas: chaleco tacto-pluma, cacerola, hierro 8 y capa de España a lo Superman. Y es en ese momento cuando uno trata de entender por qué el estrato social mejor dotado para capear la crisis, ese que viste a su perrito, casado con un primo y con evidentes dificultades para pronunciar sin un ‘osea’ demuestra el comportamiento de un antisistema… con encefalograma plano, claro.

Resulta que los caminos del ‘fachaflauta’ de Nuñez de Balboa son inescrutables. Salen a protestar siguiendo los pasos del 8M con el agravante de que ahora saben cómo se propaga un virus que ha dejado 9.000 muertos en su ciudad, lo hacen —y lo seguirán haciendo— convencidos de que la policía no entrará en el barrio y la ‘chacha’ les espera con la cena lista, pero sobre todo lo hacen por ¡España!, ese régimen ‘fasciocomunista’ que les ha arrebatado su vida de polo y rentas vitalicias.

Es en momentos así cuando uno echa de menos el ‘procés’ y enviaría una remesa de Mossos d’Esquadra a repartir comportamiento cívico entre aquellos que ocupan el vértice alto de la pirámide, esos de las universidades de pago alérgicos al no y que han conseguido en una sola tarde lo que parecía imposible: convencer al resto de la sociedad de que no solo son una amenaza contra la estética, sino que ahora el único Balboa que merece respeto es Rocky I. La ‘cayetanización’ de la pandemia ha comenzado.