12 de octubre, día de pelea

Todo comenzó con un italiano chapetón que daba por esférica a la Tierra plana. En su viaje de lado, y buscando seda y euros, se topó con un terreno muy grande muy grande bautizado América en honor a Vespucio. Con estas credenciales, ¿qué pudo salir mal? Pues habría que preguntárselo a los que nadaban por allí en tiempo de carabelas y cayucos, pero también a los que padecen en martes los desfiles por tierra, mar y aire, estilo invasión pacífica y por la Castellana. Haciéndole justicia al tiempo, integremos a los que celebran este día —“Fiesta de la Raza” hasta el 58— con salves y orgullo patrio, con ventrículo y uniforme porque una vez fuimos reyes sin atardeceres al fondo. Y salió mal.

Españoles somos todos y los hay equidistantes del pretérito que se inclinan a pasar por el presente levantándose tarde, comprando pan blanco y poniendo al fuego una tortilla de patatas poco hecha. En definitiva, prefieren ser felices bajo el ruido de los aviones mientras un bando discute con el otro en la sempiterna lucha por borrar, retorcer y/o hacer biografía de la historia. ¡No les vengan con mierdas de colonialismo, que hoy es fiesta! Y nacional.

Queda por despejar la incógnita de los símbolos en un país llamado casa. La unión sólo se construye compartiendo mitos o mentiras. Da igual. Sin ese hilo invisible resulta imposible obtener un resquicio de paz social más allá de las cañas y los pinchos, probablemente la única certidumbre patria. Nunca tuvimos, ni tenemos, ni tendremos la habilidad de aunar a nuestra propia tierra. Será porque al pedir a los indígenas que cerraran los ojos para orar los despojamos de la suya. España es un descubrimiento acojonante.

Ilustración: Davide Bonnazi

Talibanes, es peor de lo que pensábamos

Como siempre el humor viene en nuestra ayuda, fleta un avión lleno de tíos y nos pone delante de un espejo. La imagen que proyecta duele, hace añicos todos los valores de un Occidente supuestamente cívico, demócrata, ejemplo de convivencia para el resto del mundo a oscuras. La realidad supera a esta ficción de muchos consolidada por los medios y rentabilizada por jeques, deportistas y señores de la guerra. Así, Qatar, principal apoyo del gobierno talibán, despliega su particular burka por los campos de fútbol europeos ante la mirada incómoda de presidentes en traje y sandalias. El cinismo reina a sus anchas, en Afganistán y Francia, en Kabul y Navalacruz. Y la cosa no deja de empeorar ante la avalancha de manifestaciones en favor de esas mujeres entre la sharia y la navaja, como si colgar fotos o proclamas fuera a acelerar su desalojo.

Sí, quedarse de brazos cruzados parece la peor opción en estos casos, aunque manifestarse un día en redes tenga el mismo efecto. La conciencia se despierta cada día, en la paz y en la guerra, y eso a Europa le interesa más bien poco. De ahí el fútbol convertido en dogma, el yate de C. Tangana como ejemplo de empoderamiento y la falsedad más descarada. Será porque los líderes de los países libres también esconden su verdadera cara bajo una máscara que les cubre hasta los pies. ¡Vayamos todos a comprar la nueva camiseta de Messi para curar las penas!

Cierto, es peor de lo que pensábamos. Sobre todo cuando nos paramos a pensar, justo lo contrario de la fe y la creencia. Esperaremos al fin de las vacaciones para que las cosas se calmen y volvamos a la rueda de lunes a viernes. Algo estamos haciendo mal. Debe de ser el calor y la falta de hidratación. Acojona darse cuenta de que «en tiempos de hipocresía cualquier acto de sinceridad se viste de cinismo». Chico, ponme otra.

Ilustración: http://www.charliehebdo.fr

Ameristán

Cada día. Una tragedia tiene lugar en alguna parte del mundo, fuego en Ávila, éxodo en Afganistán, y los telespectadores reaccionan con un gesto, quizás un comentario o un emoticono que llora. Después pasan a otra cosa. El siguiente tweet surge rápido y profundizar en las razones de lo sucedido da pereza. Así algunos aprovechan para criticar al pirómano de turno («Sánchez sigue de vacaciones en La Mareta a costa del erario público») o renunciar a la democracia occidental, esa rellena de derechos del hombre sin mujeres cerca. También los hay que prefieren reconocer que no se enteran de nada. En todo caso, conviene culpar de todo a los americanos porque, ¿no son acaso los Estados Unidos responsables de los peores males exceptuando la hamburguesa?

Hasta donde sabemos, el grado de antieuropeísmo varía según la época o el precio de la gasolina. Sin embargo, ese sentimiento de odio hacia el país más poderoso, más libre, más todo alcanza niveles históricos con la caída de Kabul este lunes. Claro, los talibán tienen lo suyo, pero el fin de la guerra coincide con la entrada de unos y la salida de otros… por la puerta de atrás. El rastro de los americanos huele agrio, deja miles de muertes en su huella Timberland y la sensación de que las grandes expectativas terminan, casi siempre, en pesadilla. El sueño queda para las noches de verano.

Los árabes los odian por el amor de Alá; los británicos se odian a sí mismos porque no los odian lo suficiente; los alemanes fruncen el ceño al ver que Adolf se apellida Reagan, Bush, Obama o Biden y los españoles nos alegramos de que se equivoquen tanto; ¡por fin tenemos razón! Por su parte, Europa se desmorona, América continúa hundiéndose en su breve historia y mientras los problemas de la clase media nos ciegan a casi todos, otros intentan coger un avión rumbo a un mundo dislocado.

Ilustración: http://www.holliefuller.co.uk

Venga, ¿es Cuba una dictadura o qué?

Embajador de Panamá. Foro de la Organización de los Estados Americanos (OEA). «¿Cuál sería la reacción de un derechista, un demócrata cristiano y un comunista frente a la infidelidad del cónyuge? Pues el derechista la emprendería a golpes; el demócrata cristiano se sentaría con su pareja para intentar que no volviera a suceder y el comunista tiraría piedras contra la Embajada de los Estados Unidos». Evidentemente, la gran mayoría de los presentes se descojonó. La parábola del chiste viene ahora. La OEA nunca resolvió nada, ni las desapariciones de Chile y Argentina, ni la guerra de las Malvinas ni, por supuesto, la importación del marxismo en Cuba. Eso sí, ahí se reunían con el fin de cambiar todo para que nada cambiara. Bueno, ahora el «Patria y Vida» resuena en la isla ante la falta de los alimentos, vacunas y una vida más digna.

Mientras los cubanos hacen valer sus derechos fundamentales, el mundo a su alrededor se pierde en debates baldíos que la izquierda dribla por miedo a perder tasa turística. ¿Es Cuba un régimen totalitario? Poco se parece a Siria o Sudán. ¿Es Cuba una dictadura? En el caso de que lo fuera, queda lejos de la de Franco, exactamente a 7.152 kilómetros y un Meliá todo incluido. De esta forma, un país internacionalista volcado en los servicios al exterior recibe críticas feroces ante el trato que reciben sus habitantes. La prisión de Guantánamo tortura desde el 2002, pero al tratarse de los enemigos del mundo libre…

Poco importan las palabras o las definiciones académicas. La España democrática y parlamentaria vulnera la libertad de expresión cada día, aplica porras y pelotas de goma de manera indiscriminada y en un audio de Florentino Pérez hay más caciquismo y maldad que en toda La Habana. El desafío no se encuentra en las definiciones, sino en lograr entender la palabras de un santo: «En una fortaleza asediada, toda disidencia es traición». Dignidad para el pueblo cubano.

Ilustración: agentpekka.com

La pandilla Voxura

Un cromo de “La Pandilla Basura” preside el frigorífico de mi cocina, recordatorio de la necesidad de reírse cada día antes de desayunar y los parecidos razonables de “Chupón Agamenón” y “Ortega Rambo de Pega“. Por supuesto, mis amigos de “El Jueves” no han dudado en aplicar la sátira y convertir a Vox en la “Padilla Voxura“… porque alguien tiene que hacer el trabajo sucio. La reacción por parte de la facción más moderada de esta chupipandi no se ha hecho esperar y ha twiteado la dirección del presidente del grupo editor la revista con el fin de permitir que «muchos de ellos le empiecen a exigir responsabilidades». Vamos, que una vez más la incitación al odio es patrimonio (no exclusivo) de la extrema derecha y sus señalamientos.

Y de pronto, surge la dichosa palabra, ese sentimiento profundo e intenso de repulsa hacia alguien que provoca el deseo de producirle un daño o de que le ocurra alguna desgracia, y claro, resulta complicado unir los puntos entre una viñeta y una amenaza, pero mucho más sencillo ojear estadísticas que recogen un importante aumento de los delitos de odio relacionados con la orientación sexual, la identidad de género, el racismo y la xenofobia, las cuatro piedras sobre las que se sostienen los parodiados y su iglesia.

Es todavía más sencillo vincular la irrupción de Vox a la polarización de la sociedad, y por lo tanto a la crispación que se nos pega por detrás de la mascarilla. Por otro lado, sería absurdo responsabilizarles de todos los males que nos acechan —esas chaquetas mínimas de Abascal son una lacra—, sin embargo no deja de sorprender «la cantidad de gente que menciona a la publicación explicando lo irrelevante que es». A ver si al final el humor va resultar ser «el instinto de tomarse el dolor a broma…».

Ilustración: EL Jueves

Matarile al maricón

Sucedió en La Coruña, a miles de kilómetros de Emiratos Árabes o Pakistán. La víctima tenía veinticuatro años y un teléfono móvil. Recibió una paliza al grito de ¡maricón! Así funcionan los crímenes del odio, aunque el odio no sea un sentimiento que flote en el ambiente en busca de un objeto en particular o, en este caso, la cabeza de Samuel. Necesita un detonante, un gesto percibido por trece personas con dificultades para distinguir lo común de la normalidad. Y entonces un chico muere por el miedo que genera en otros vivir sin temor su género y orientación sexual. Queda claro, por los restos de sangre en el suelo, que ese día aún queda lejos. Las coronas de flores y la solidaridad llegaron antes.

Si levantamos la vista, resulta evidente que el poder se concentra en las manos y puños de los hombres. Son ellos los que parecen decidir cuándo una vida ya no merece ser vivida, dónde el tiempo se detiene mientras el mundo gira. Se trata de un dominio perverso, de ahí que el sistema (medios de comunicación, VOX, PP, hombres de negocios y trabajadores) se rebelen contra el feminismo, el único movimiento agresivo no violento, multirregional y multilingüe que ha decidido plantarles cara.

Resulta extraño hablar de una muerte provocada. En ese contexto, el de varios jóvenes a la puerta de una discoteca, se siguen unas pautas. La palabra hace, el cuerpo sigue, la identidad es acto y, finalmente, la sexualidad implica enfrentamiento. Cada vez que un ser humano perteneciente a un colectivo minoritario pierde la vida de esta manera, todos pedimos justicia. Hacerla esperar sería la mayor injusticia de todas. Menos mal que la homofobia está superada en España…

Ilustración: desconocido

Los españoles tristes de Colón

Los domingos son mañanas seguidas de tardes en las que no ocurre nada. Quizás uno piensa en lo que hará durante la semana, o se pide otro vermú. Ayer, sin embargo, los verdaderos españoles se congregaron en Colón vestidos de bandera, una grande y esclava de la idea de país. Andaban desorientados, como un superhéroe que se pone la capa y olvida la máscara, llenaban las acercas con el olor del fondo del armario. A lo lejos, dos señores con sombrero de feriante y camisa de manga corta sujetaban una pancarta en la que solamente uno pedía perdón por haber votado al PSOE. El otro fumaba. Cosas así, grises a pesar del día claro.

La manifestación había empezado mal y continuó a peores. Tanto que la mayor ovación se la llevó un camión cargado con un nuevo generador que permitiera continuar con el acto. Es lo que tiene ser y parecer triste, que la energía se convierte en un bien escaso. También hubo discursos. El de un escritor que ha escrito una novela de veintitrés tomos y ochocientas páginas (cada uno), el de una política sin serotonina ni partido que increpaba al gobierno por indultar a delincuentes olvidándose de que en eso consiste, en el perdón de la pena. Casado lo intentó, pero fue interrumpido por la ultraderecha. Es lo que hay.

Sucedió así, entre recuerdos de lo que fue España y esos ciudadanos auténticos que se resisten al presente de las cosas. Si avanzaran no sabrían volver a casa o recordar la lista de los reyes visigodos. En lugar de producir desprecio por sostener esas ideas consiguieron lo impensable: que estemos dispuestos a tenderles la mano, incluso abrazarles, mirarles a los ojos y recordarles que la convivencia nada tiene que ver con los indultos o la manipulación, sino con «participar en la vida ajena y hacer participar al otro en la propia». Eran miles de personas, tantas, que parecían una sola. ¡Qué domingo más triste por Dios!

Ilustración: Francorama

¿Por qué votamos a gente estúpida?

Todo el mundo sabe que los políticos gozan de mala reputación, son incapaces de cumplir sus promesas y mantienen una relación íntima con la mentira. Eso no significa que todos sean idiotas, ni mucho menos, pero una gran mayoría, aquí, en Estados Unidos y Nueva Zelanda, lo parecen. Incluso algunos son peligrosos. En esta Superliga destaca la plana mayor de Vox al completo, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Trump y los pirómanos de Orense. Pero ¿cómo es posible que gente estúpida pueda gestionar un país o una comunidad? La respuesta es una mezcla de falsa confianza en sí mismos, la ley de la trivialidad de Parkinson y un proceso muy calculado de identificación con sus votantes. Desarrollo.

Dunning-Kruger revela que cuanto menos inteligente es el candidato mayor es la confianza que transmite —al menos delante de Ana Rosa—, prescinden de los cuestionamientos de la gente leída —ahí Gabilondo y el aburrimiento serían referencia— y se consideran idóneos para el cargo porque, total, al carecer de capacidad crítica mejor obviarla. Así va Isabel Díaz Ayuso por la vida, arrasando al tiempo que sirve bocadillos de calamares. Tareas simples para cabezas… borradoras.

La ley de la trivialidad de Parkinson o el efecto del estacionamiento de bicicletas lo explica aún mejor: los partidos políticos dedican gran parte de la campaña a asuntos triviales. A medida que la dificultad del tema aumenta (la inmigración, las pensiones o la financiación de la Seguridad Social) la aportación de los candidatos se diluye o tienen que leer. De ahí que se tiren titulares como «vivir a la madrileña», «cambiar de pareja y no volver encontrártela nunca» o libertad. Sí, a simple vista parecen conceptos sencillos, pero nadie tiene ni puta idea de lo que significan. Mejor opinar sobre temas blandos y dejarle las nucleares a Tamara Falcó.

Por último, a nadie le gusta que le digan lo que no quiere oír. De lo contrario, el hechizo se rompe. Lo que importa es reafirmar los prejuicios del electorado, mantener ese halo de superioridad sobre la aleccionadora moral de la izquierda, negar evidencias incómodas. En definitiva, caer bien. Isabel sonríe delante de un fondo de flores rojas y estrellas y demuestra que sólo ella es capaz de impedir que la gente se meta en lo que de verdad importa. Y Madrid languidece sólo de pensarlo.

Ilustración: Thomas Matthews 

El enemigo de Vox es la realidad

Ayer muchos vimos el cartel de Vox en la estación del Cercanías. Fondo verde ejército, el Pirulí y Rocio Monasterio mirando al horizonte escoltada por un Abascal a los micros. Nada de nuevo; dos fachas muy fachas hacen campaña bajo el eslogan «Protege Madrid». Pero ¿de quién? ¿De los comunistas? ¿De los menores inmigrantes que llegan solos a España? ¿De los colectivos LGTBI? Mamporreros del enésimo mantra neoliberal contra el Estado y a muerte con la privatización vuelven a demostrar una capacidad innata para alentar el miedo. Como siempre, el enemigo al que señalan posee dos caras. Una permanece oculta detrás del muro, invisible, promesa incumplida. La otra, vista desde lo alto, tiene la forma de un espantapájaros.

Sucede lo mismo en las escuelas. Los abusones se ensañan con los más pequeños, demuestran su fuerza en contraste con la pasividad —el resto, como en el tren, solo mira— para lidiar con el día a día. Así y desprovistos de argumentos, tratan de desviar la atención hacia los otros, a poder ser sin derecho a réplica e ignorando la peor de las certidumbres: el enemigo que buscan está en ellos. Parece que hablamos de la guerra. Pero no. ¡Más madera, esto es la política!

Frente al cartel del odio detecté algún gesto contrariado, poco asco en general. Sin embargo, ninguno nos paramos a intentar descubrir el truco, la mentira concentrada en dos palabras y una candidata que hace del odio su bandera. Decía Borges que «hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos». La realidad sigue sacando partido de la ficción, y eso es, además de inmoral, muy sucio.

Ilustración: http://sergioingravalle.de/

El cumple de Abascal y la II República

Sí. Apuntadlo bien en el calendario de las fechas importantes. Hoy, 14 de abril de 2021, es el cumpleaños de Santiago Abascal, futuro presidente de la República de Nuestras Pesadillas. La noticia en sí es tan irrelevante como el lanzamiento de un nuevo disco, pero lo importante son las felicitaciones de sus hinchas, una especie cada vez más numerosa capaz de transformar la certidumbre de un futuro peor en un presente más facha, más intenso, gloria. Destacan: «Hoy es el cumpleaños de una persona que solo y megáfono en mano, se lanzó a la calle para luchar por y para España»;«felicidades Santi, qué bien te conservas, ¿cuál es tu secreto más allá de no dar un palo al agua?»;«cumple años un gran líder que, aunque no le conozco personalmente, hizo cambiar mi visión y la de mucha gente de la política, alguien extraordinario que me ha hecho soñar otra vez con una España grande y libre de comunismo».

Está claro que un hombre así despierta erecciones y bilis, una mezcla entre lo que algunos necesitan oír y otros prefieren ignorar para decir bien alto que hace noventa años la II República Española nacía en brazos de Niceto Alcalá- Zamora. Aquel día, un rey incapaz se marchaba siguiendo la tradición, el pueblo salía a celebrarlo y el cambio de régimen tenía lugar sin derramamiento de sangre. Educación pública, mejoras de los salarios y conquistas sociales frente al abismo que separaba a amos y trabajadores, a católicos y anticlericales, al orden y el idealismo. Duró poco, más o menos lo que duran los sueños antes de la guerra.

El conflicto continúa. Es cierto que se prescinde de balas, sin embargo es igual de ensordecedor, cruento y hostil. En eso Abascal tiene algo que ver y por eso sonríe, sopla las velas y continúa su cruzada particular contra cualquier vestigio republicano. Que cada uno elija la celebración que más le convenga sin perder de vista que el pasado es «la única cosa muerta cuyo aroma es dulce». El presente huele a rancio y Abascal es su vanguardia. Felicidades, señora; que cumplas muchos más.

Ilustación: Cristina Daura