Eres lo que escuchas en Spotify

Tiempo estimado de lectura: cualquier canción de Los Ramones.

El año 2018 puede resumirse en canciones, más concretamente en las 2520  que según Spotify, has escuchado a lo largo de estas cuatro difusas estaciones, periodo de tiempo que —independientemente de las malas rachas— siempre fue substancialmente mejor si en tus cascos, en el coche, en el baño del Ochoymedio, en la ofi, en el gimnasio, en el chirinquito de la playa, en el supermercado y en el tanatorio había música.

Lo has logrado, ¡has batido tu propia marca!: 17179 minutos, 286 horas, 12 días completos acompañado por los teclados de Nils Frahm, abanicado por las melodías de Joep Beving, rodeado de tus géneros favoritos, el pop, la música clásica, la electrónica, al ritmo que te pedía algo dentro de ti que nada tiene que ver con lo que dicta el mundo de ahí fuera, ese que gira a toda hostia y que se deshace de los viejos, de otros más jóvenes que se rompieron precipitadamente y acoge a Julia, una niña envuelta en una placenta con forma de pentagrama, acunada entre las cuerdas de una guitarra para diestros.

Porque si lo piensas es fascinante que puedas tener toda la música grabada en el bolsillo, esa mezcla imperfecta de ritmo, melodía y armonía, escrita por disidentes que lo hacen justo cómo y cuándo ellos quieren, que paradójicamente, es exactamente cómo y cuándo tú quieres: las grabaciones en directo de Aznavour en el 1955, las de Rosalía en su estudio casero en el 2018, las “Variaciones Goldberg” garabateadas sobre papel (muy escaso) en 1741 y grabadas por Glenn Gould en el 56 y el 81 ahora… Y quizás tú no existías, y si ya eras no fuiste tenido en cuenta, o tal vez fueron escritas para ti sin que nadie lo supiera, y resulta que los astros hablan hoy, días antes del 2019 y te susurran al oído que la mayor parte de los artistas a los que escuchas son Sagitario, como Frank Sinatra y Sia, y que tu cara B es precisamente lo que contrario de lo que Spotify te recomienda: «A veces la música no tiene por qué ser compartida con nadie más».

Y que siga sonando entre copos de nieve y rayos de sol, entre silencios,  entre tinieblas…

Animal flow, squatty potty, mindfulness: regreso a los orígenes

A veces debemos pararnos y escuchar las señales que nos mandan desde fuera… pero sobre todo las que surgen desde dentro, desde ese lugar situado entre las tripas, el cerebro y esa cosa extraña llamada instinto de supervivencia, un escalofrío vertebral que nos obliga a mirar al cielo y registrar el peligro cargado de partículas contaminantes.

Ahora mismo —momento en el que somos más conscientes que nunca de que esto llamado vida en la tierra podría estar llegando a su fin — , con la nariz y los dedos convertidos en la extensión de un teléfono móvil, necesitamos conectarnos con el mono que somos y que, a pesar de vestirlo con chandal de seda, plataformas y rouge, nunca hemos dejado de ser.  

La dieta cetogénica, el mindfulness, el squatty potty o cagar con los pies apoyados sobre un taburete al estilo campestre, el animal flow, la percusión como elemento más importante de la música actual, cazar con arco…, todas estas prácticas (cada vez más extendidas en las grandes ciudades y en los pueblos más diminutos), no son más que señales de que algo está ocurriendo, que es muy probable que después de tanto progreso, innovación, I+D+I,  Teslas y debates sobre Rosalía, vivamos sumergidos en un desequilibrio natural tan evidente (aunque reversible) que la única salida parece volver a ser cazadores recolectores, recuperar las sensaciones de un buen polvo entre trigales, desplazarnos como un reptil bajo el sol, aullar bajo la luna (en pelotas), conectarnos y colocar las piernas en cruz al tiempo que respiramos profundamente y llenamos con silencio nuestra cabeza repleta de luces de neón, trap y futuros inciertos.

Quizás y después de todo, lo único que importe sea comer saludablemente, mantener ciertas enfermedades a raya, sentarnos manteniendo una buena postura, amar al del otro lado del muro y agradecerle al universo todopoderoso que podemos hacer todo eso gracias a la pantalla extra grande del nuevo iPhone X.