El día a día de un tal Sánchez

Gracias a un amigo que trabaja en La Moncloa he tenido acceso a la agenda diaria de Sánchez, probablemente el presidente que recibe más críticas por segundo de todo el mundo, llegando a superar a Trump y Kim Jong-un que, por lo visto, es un cadáver con el pelo de un Yorkshire Terrier bulímico. La cuestión es que Perico duerme tres horas al día y cuando se apresta a darse una ducha le suena el busca informándole de que Fernando Simón le espera en la cocina… con guantes y a loco.

Desayuna un café frío y sin poder mirar el Marca —ayer era noticia el suicidio de Hitler— se conecta a Zoom. Sentados frente a él y con una muesca de asco y odio los diecisiete presidentes autonómicos. Y nota como le sudan las axilas y es consciente de que se le cae el pelo más de lo habitual y recuerda sus años de jugador de baloncesto. «Osti tu, ¿los niños al supermercado?, ¡carallo!, devuélvanos las competencias de los niños, ¿los niños en la calle?, ¡ozú!, ¿los niños metidos en casa?» le espetan cada día.

Son las diez de la mañana y ya está exhausto. Después recibe al comité de 435 expertos, a las fuerzas armadas convertidas ahora en barrenderos, a la patronal exigiéndole más IBEX, a los sindicatos y a los del APA, a Rappel, engulle un puto sandwich de pavo, despacha con el editor del BOE, toma decisiones sobre cuestiones que no lograría entender en una legislatura, se siente músico de jazz siendo economista. Solo ante su brillante Mac es consciente de que en «política sucede como en las matemáticas: todo lo que no es totalmente correcto está mal». Seguro que Casado lo haría mejor.

En la piel de un ‘hater’

Voy a intentarlo. Levanto la voz hasta convertirla en metralla, elimino cualquier tipo de reflexión e impongo una mezcla de incertidumbre, falta de melanina y sobreexposición mediática —si es Twitter, mejor—. Por supuesto, cada dos palabras tres insultos. Aquí lo importante es instalarse más allá de la crítica, en un punto intermedio entre una nube de azufre y la maldad crónica; bloquear cualquier iniciativa; inyectar veneno; poner palos en una rueda moribunda; reivindicar el ser como forma máxima de indignación permanente. Tomo aire.

La culpa de todo es de este gobierno incompetente. ¡Sánchez hijo de puta! Primero nos encierran en casa. ¿Dónde están los test? ¡Después nos dicen que podemos salir por fases! Mentirosos compulsivos. El día del subnormal… ¡y sale a la calle acompañado de su mujer! ¿Illa Ministro de Sanidad?… ¡asesino! Qué asco dan. Mientras que Francia y Alemania dan respuestas a esta crisis, el gobierno de España nos lleva a la ruina. Fernando Simón tiene que dimitir y depilarse las cejas. Sánchez nos impone su nueva realidad. Lo sabían desde hace meses y no hicieron nada. Los recortes en Sanidad son un mito. Inútiles.

Pues bien; después de escupir todos estos exabruptos recopilados en Facebook y la prensa tengo que reconocer que me ha subido la temperatura corporal y mi corazón ha adquirido la forma de una granada de mano. Resulta que verbalizar el odio y la impotencia —sin olvidar que se han hecho mal muchas cosas muchas veces— solo demuestra un profundo complejo de inferioridad. Se hace más tendiendo la mano. Mucho más… ¡Comunistas!

España: la derecha en subcarpetas

Menudo pedo electoral… Hoy, lunes de resurrección tardía, nos levantamos bajo un brillante sol, nos quitamos las legañas con el dedo meñique de la mano izquierda y miramos por la ventana: la luz que todo lo envuelve nos impide ver una realidad hundida entre tanta euforia,

Y es que después de que muchos salieran a votar por miedo a que Santiago Abascal —martillo pilón de los progres— se convirtiera en el caudillo de la oposición, y a que se confirmaran en España los peores presagios de una Europa escorada hacia la intolerancia, parece que podemos respirar tranquilos, olvidándonos de que ahora, en el país del donde el fascismo rimaba con gaviota, la derecha se divide en subcarpetas, a modo de matrioskas con interiores cada vez más rancios.

Todo muy al gusto del consumidor. Si lo que quieres es llenarte la boca con patrias y ciento cincuenta y cincos, vota a unos. Si te apetece algo más amable, con un punto moderno, vibrante y actual, vota a los otros. En cuanto a los representantes de lo mismo de siempre encabezados por el mequetrefe de los Másteres Imaginarios… Pues parece que están buscando compañero de piso para compartir gastos en Génova junto a sus 66 (ex)populares representantes.

De una hemos pasado a tres por el precio de 147 escaños, proporción más que considerable para el país en el que, según James Rhodes, se vive mejor.

Será porque España, ese país dividido tradicionalmente en dos, levanta su copa de Rioja con la sensación de que se ha rozado el desastre y ha salido indemne por obra y gracia de un tal Sánchez. Hoy más que nunca España es diferente. Será porque sus ciudadanos tendemos a verlo todo medio lleno.