Macro festivales en España, el éxodo de los refugiados en versión musical

Una nueva experiencia que aborda el ocio desde todas sus vertientes: el resultado de hacer convivir en un mismo espacio diferentes expresiones artísticas de una manera sostenible y responsable…

Así, en cursiva y negrita se anuncia el festival de música que una ciudad como Madrid se merecía, el mismo que en apenas tres años se ha consolidado como uno de los acontecimientos más importantes de Europa, punta de lanza de todo lo que puede conseguir la música como elemento integrador, experiencia colectiva y estimulo del espíritu de pertenencia olvidado en alguna parte entre cuentas de pérdidas y ganancias, horas de espera para acceder al recinto, ejércitos de voluntarios perdidos, gafas, gorros, condones, purpurina, globos, antifaces (si se puede imaginar puede patrocinarse), atascos, en definitiva: un éxodo hacia el ocio del siglo 21, el de los hipermercados de la diversión retransmitidos a tiempo real por Instagram, porque lo que no se comparte no existe. Pero eso sí: crece.

Paradójicamente todos estos grandes festivales eliminan las barreras estilísticas, alternan a Peal Jam con Justice, Aperol con Gillette, Coca Cola con Thunder Bitch, envían a tu domicilio cajitas que envuelven cuidadosamente promesas de noches de verano inolvidables, pulseras de brillantes colores, risas y norias, aumentan la capacidad de sus recintos de manera exponencial cada año y sin embargo confinan el sentimiento de libertad y amor que nos regala la música a espacios delimitados por vallas publicitarias que nos marcan cuándo y cómo poder celebrar. Y da igual si en todas la ediciones se reproducen los mismos problemas, ¿no puedo pagar con tarjeta?, y ejércitos de chavales son reclutados por poco dinero y por su cara de no saber muy bien qué coño están haciendo, y los que desembolsan más están más frescos (huelen a cloro) y en una situación inversamente proporcional al último de la fila, el mismo que ve la cabeza de Eddie Vedder en el marcador y le confunde con Russel Crowe porque total, para lo que se oye…da igual, repito: todos seguimos yendo, reinterpretando el éxodo de estos experimentos sociales porque quién sabe si éste será nuestro último verano en la tierra o si Dave Graham se excederá con la dosis y poco o nada importa si lo que has vivido en esos tres días se desvanece en las pantallas de un teléfono móvil y en los titulares del periódico de turno.

Ha sido un fin de semana muy duro. Demasiado sol, poca hidratación, no me dejaron meter mi mochila con los sandwiches de jamón y queso que me había traído preparados de casa y entre la cerveza y mi garganta había cientos de personas sedientas, tardé tres horas en volver a Madrid porque vine andando desde el Parque de las Naciones y me pregunto que si cuando leo comienzo por la A, luego la B y cuando canto por el Do y luego el Re, ¿por qué los festivales no harán lo mismo?…

Pero todo esto se me ha olvidado: ¡ya tengo mis abonos para la edición del 2019!…¿y tú?

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