Follas como tu cuarto icono

Supongo que será el inmovilismo crónico, o puede que un antojo de ir a Nápoles en Ryanair. Ni idea. El caso es que, entre tanto calentamiento global y lo de las macrogranjas, el silogismo me interpeló: «Follas como tu cuarto icono». Entonces se desata una reacción en cadena. Primero fue la resistencia, ese miedo a ser como los demás. Después vino el ardor derivado del autoconocimiento y los jeroglíficos de la modernidad. Por último —como era de prever—, abrí el Whatsapp. ¡Cuál fue mi sorpresa al comprobar que ahí, en cuarta posición, como si de una aparición mariana se tratara, había un tarro de miel con una cucharita! Será que tengo mucho tiempo.

Superado el shock, comencé a buscar la solución a un dilema muy del primer mundo. Más aún cuando ese icono cambia según el móvil. Hubiera preferido un pulgar hacia abajo, unos palillos, ¡incluso un montón de zetas!, algo que añada certidumbres. Sin embargo, me tocó lidiar con lo indeterminado. Más que nada porque no se sabe si ese tarro es un NFT, si la miel es industrial o de Elvish (Turquía) y lo que es peor aún: ¿alguien conoce a alguien que lo emplee?

Sucede que nuestro cerebro es especialista en escayolar a un mundo dislocado en el que resulto zalamero, difícil de quitar cuando salpico. Además, después de comer algo tan dulce nada sabe bien, así que asumo la verdad aunque empalague. No sé, será que quiero todo lo que producen las abejas. Así me va. Entonces esta mañana recordé a aquella chica que me gritó «eres miel» antes de irse. Y ahora lo entiendo.

Ilustración: giselledekel.com

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