España no es Madriz

Parecía inevitable. Los monstruos estaban al otro lado de la puerta, querían destruir las sospechas de progreso, aferrarse a un mundo extinto. Pero España no es Madriz, tampoco una fiesta. Aquí nadie gana. En todo caso, dejamos de perder un rato. Las victorias y las derrotas son rayos de la misma sombra. Ahora llegarán las acusaciones de fraude, que si el tren Valencia-Madrid, que qué asco de país. Mientras, olvidaremos que apostamos todo al rojo con la nariz tapada, conscientes de que la democracia consiste en esperar cada cuatro años y hacerlo en contra. Mañana, peor. Hoy nos conformamos con que no pasaron.

Madrid es de derechas. Al escribirlo no sé muy bien qué significa. Se supone que aquí todo el mundo es bienvenido, que uno se hace de Madrid por las ganas y sin nacer en hospitales públicos desmantelados. Están locos estos madrileños. Menos mal que catalalanes, vascos y gallegos compensan sus infulas de independencia. Quizás España sea cada vez más Europa y por fin se premie el mérito. Quizás lo de ayer fue solo un sueño. Una cosa: a los españoles no les gustan los fascistas. Mejor los cerdos.

Los que ayer pasaron de votar se equivocaron. Nunca vivirán en un país ni grande ni libre si prefieren dejar en manos de otros su destino. Madrid, entretanto, seguirá siendo una capital de provincias y España el país que nos merecemos, aunque nadie se merezca el perfil derecho de su peor cara. Los monstruos tienen el poder de ser eternos y seguirán acechando en playas y despachos. Nos queda esa sensación de garra suave, nos queda la sensación de la esperanza.

ilustración : Guy Billout

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