Irse de putas

Hay en la expresión «irse de putas» el eco de una tristeza, como si ese verbo de hombres no fuera más que la medida de su anhelo. Tras la preposición y tres pasos por detrás, mujeres de pupilas bajo una bombilla, pomada de palabras por dinero. ¿A dónde van los tíos cuando pagan? Lo más lejos posible, de ellos y su vida, claro, casi siempre al lado de casa y en manada, particular manera de repartir culpas o hacer biografía de duchas, condones y jabón de manos. Luego está el cliente habitual, nunca putero de tabique para adentro, convencido de que no hace daño a nadie, digno. Se limita a descargar en un reservorio de piel sin estatuto, cuerpo que se emplea. La esclavitud como forma de libertad sin cargos de conciencia era eso.

Prostitución, extraño maquillaje. Quizás la fidelidad tenga sentido en su intercambio. Porque el hombre vuelve. La puta mira con ojos de otra parte, por eso cobra lo que corresponde. A cambio, otro nombre escrito en otra almohada. Carne sin labios de por medio. Después la charla para encontrar el calcetín y las razones que la llevaron a ensuciar sábanas por horas en compañía de extraños. Con una puta el presente se deshace, sucede igual con los amantes. Mientras, el futuro abre un sueño de semen encharcado.

Estuve con dos. Fueron noches de ángulo muerto que aún me asaltan. Siempre culpé a los amigos. Yo no quería. Y no querer implica hacerlo. ¿Qué cambia en nosotros el sexo de pago? Extraña transición hacia la hombría. La primera vez, al terminar, hablé con ella. Recuerdo su olor a droguería. Me besó antes de cerrar la puerta. La segunda fue mi gran derrota. Nunca más volveré a hacerlo. Hay demasiada pena involucrada, demasiadas raíces en el fondo de una cama, de una luna.

Ilustración: Guy Billout

3 comentarios en “Irse de putas

  1. El odio como primera palabra me despertaba sensaciones de rechazo, y más a las mujeres de moda. Tengo una hija diseñadora y eso condicionaba mi entendedera. Pienso ahora, es un bello blog, atractivo en su lenguaje, la actualidad que vuela con evasivas como mi paradigmas. Seré un seguidor más fiel, me has agarrado de las orejas y me has entrado a un buen lugar.

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    1. El odio que propongo es una máscara, un juego para alcanzar algo de belleza. Gracias por estar ahí, me sigue pareciendo muy raro que os pueda interesar lo que escribo. Que sigamos en el buen lugar, siempre. Abrazo enorme, querido

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