leer es una forma de desaparecer

El día que maté a mi padre

No recuerdo mi edad con exactitud, diez o doce años. Sí recuerdo, en cambio, dónde estaba: detrás de la iglesia de San Nicolás, en una calle a la sombra que desembocaba en un callejón sin salida con dos coches aparcados. Olía a esa mezcla dulzona que deja el sol en el aire cuando seca la piedra humedecida por el agua de las fregonas. Uno de los coches era el de mi tía Carmela, un Suzuki. El otro el Toyota de mi padre, que aquella tarde emitía un destello azulado, casi cristalino, cosa extraña porque mi padre no tenía como costumbre lavarlo. Era verano.

Yo descendí la calle en dirección a la casa de Carmela. En Castilla, a esas horas, la gente sale, la vida regresa cuando la brisa mueve las cortinas de tiras. Volvía de jugar con mis amigos. Estaba molesto, sin ganas de meterme en el coche para volver a casa. En aquellos veranos el tiempo era una línea continua discurriendo entre dos puestas de sol. Había saltamontes en la hierba y una sensación de libertad que, con los años, desapareció. Mi padre me esperaba dentro del coche.

Bajó la ventanilla y dijo «entra». Le miré a los ojos, grandes, verdes, casi amarillos. Un cigarro humeaba entre sus labios. Pensé en salir corriendo. Me quedé plantado en medio de la calle. Levanté la mano derecha con el puño cerrado y estiré el dedo corazón. Sentí una bandada de gorriones dentro del estómago. Podía hacer lo que yo quisiera, decir que no a ese hombre de pelo azabache y tez curtida. Mi padre entornó los ojos clavándolos en mí. Aceleró. Me eché a un lado y vi su cara de perfil. El coche desapareció a la altura de la iglesia. A partir de ese momento, todo fue a peor. Por eso lo recuerdo.

Escribo mucho.

No es para todo el mundo

(sin spam, sin frecuencia fija)


Comentarios

15 respuestas a «El día que maté a mi padre»

  1. La foto 🖤.

    1. Un clásico

  2. No me quiero pasar de intensa, pero me tomo como un privilegio haber sido partícipe de esta historia. Qué bien escrita. Gracias por compartirla «aquí fuera».

    Me inspiró para escribir una entrada (sobre veranos y otras cosas).

    1. Oh. Eso me toca. Estoy escribiendo (en mi cabeza primero) una novela sobre la infancia. Es ese tono, una historia de pérdida, descubrimiento y saltamontes sobre las piedras. A ver cómo lo hago. Esto me sirve como calentamiento. Deseando leer tu entrada

      1. Perdona que no pude responderte ayer, solo alcancé a leer por encima el comentario en el mail.
        Me alegro mucho de que te haya servido. Esa novela en tu cabeza suena muy bien… aunque sólo sean pinceladas de sensaciones e ideas principales… Disfruta de esta primera etapa 🙂
        La entrada se llama «As de soles» (no serviría para título de novela, desde luego, pero es lo más representaba mis sentimientos). Es de hace un par de días.

      2. Ace of Spades

      3. Con una «high Jake» se puede ganar alguna que otra mano…. Una escalera a la reina estaría bien(soy muy variada). ¿Al as? Nunca se sabe…

      4. Juguemos

      5. No sé yo. La última vez palmé contundentemente… (aunque ya estoy más curadita de la «picadura»…) Tengo que darle una vuelta 😉

      6. Tú reparte…
        Y a ver qué pasa.

      7. Texas Holden

      8. Ese estilo me vale. Pero ya, en otro foro, que esto ha dimanado de una manera que me siento hasta mal, por el tema de la entrada en cuestión. (Llámame rara).

      9. Tú dirás dónde

      10. Por cierto, no sé a qué venían esas comillas en «mi infancia». Como si me lo hubiera inventado (y no).
        No creo que tenga mucha importancia, en cualquier caso.

      11. Todo cuenta. Y más la infancia

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