Si votas a Vox eres un palurdo, pero muy bien representado

Admiren esas piernas de gladiador, esa mirada oteando el horizonte de España, «Una, grande y libre» (sobre todo la de Santi Abascal), esos brazos  en jarras por encima de las nubes, ese pecho, ese paquete.

Hay que reconocerlo: el “carnicero supremo” de VOX (no intenten buscar un significado para estas siglas porque no es más que un latinismo enraizado en la conciencia colectiva de aquellos que carecían de voz… hasta ahora), ha revolucionado el panorama político nacional apelando a los valores de siempre, esos que creíamos superados pero que renacen en una maniobra de marketing burdo y efectista que, apelando a los sentimientos, a la bandera, a amar a la patria como a tus padres y otra vez a la bandera, ha calado entre los andaluces,  hartos de los excesos de un PSOE corrupto y necesitados de hacerse oír al otro lado de Despeñaperros.

Por una vez —y eso tiene un mérito indiscutible en política— si votas a Vox sabes exactamente quienes son tus representantes porque, por suerte o por desgracia, aquí no hay caretas: católicos, conservadores, toreros, fumadores de puros, antiabortistas, antifeministas, patriotas y toda la gama de fascistas que permanecía oculta entre el liberalismo preppy de Ciudadanos y el neoconservadurismo de pulsera del PP

Como siempre en este país hemos llegado tarde y a Santi Abascal se le adelantaron Marine Le Pen, las pateras repletas de personas en búsqueda de una vida digna, Trump, la enésima crisis que desató la ira contra los bancos transformada en una profunda indolencia, Matteo Salvini, las ideas de muros entre países con los mercados bursátiles volando sobre nuestras cabezas, los presos políticos en Cataluña, (…), material suficiente para que la bola fuera demasiado grande como para ser ignorada… hasta la irrupción de VOX.

Ahora ya lo sabemos: si votas a Vox eres un palurdo, alguien que no se ha parado a pensar en las consecuencias de imponer el bienestar de unos pocos frente a algunos más, que no ha sido capaz de descifrar el misterio de una contra todas las opciones, de grande contra muchos pequeños, de libre frente a un espejismo que dura lo que Santiago Abascal tarde en sacarse su pollón en el pico de la montaña más alta y mee contra el viento. Esperemos que sea pronto…

  

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