Ese detalle que lo cambia todo

Es algo que se intuye, aire entre el vacío y la ausencia. En ese gesto se concentra la galaxia, con su sol a la sombra y un amanecer en otra parte. Para verlo es necesario mirar más, mirar donde nadie quiere mirar por estar cerca. Mejor vivir con los ojos cerrados, que el mundo sea un borrón del que salir ilesos al final del día. Son los detalles los que crean momentos felices o nos sentencian. Llevé su mano hacia mi ingle mientras nos besábamos. Mi mano quedó suspendida dentro de la suya, dijo no con un gesto leve. Y ya no hay nada.

Pequeños detalles en circunstancias que hacían poca falta. Pues bien, esos detalles dejan huecos. Detalles relevantes, precisamente porque pesan poco o nada. Pueden ser ideas, la forma que tiene la luz de impactar en los cristales, imágenes en un contexto como soñado. El conductor miraba al fondo de la noche. Los faros del autobús convertían la carretera en una salida a aquel viaje tan largo. Un ciervo se cruzó entre las luces y un destino.

Los detalles de nuestros problemas convierten el problema en un juego de niños, también en tragedia. Los detalles de un abrazo convierten los detalles en una lista que se prolonga más allá del tiempo y el espacio. Los detalles son tan pequeños que no pueden ser imaginados. Somos detalles en un cuerpo incapaz de albergar más detalles. Limpiaste el espejo empañado con el lateral de tu mano buena. Acercaste el pecho en un gesto raro, levantando el brazo por encima de la cabeza. Un bulto del tamaño de una uva. Recuerdas el color de la toalla enrollada bajo tu pecho. Detalles buenos, malditos.

Ilustración: http://www.emilianoponzi.com

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